miércoles, 19 de enero de 2011

El descubrimiento del suelo

Llevaban dos años saliendo juntos, y Daniel, harto de que Marta le acusara cada dos por tres a veces de escasez, a veces de ausencia total de romanticismo, estaba convencido de haber preparado una velada de aniversario acorde al significado y alcance que conferían algunas mujeres al término “inolvidable”. Había dispuesto su apartamento de tal manera que cualquier rincón susceptible de recibir el impacto de una mirada a bocajarro dijera alto y claro “Te quiero un montón” con palabras infinitamente mejor escogidas: Pétalos de rosa, globos rojos y blancos, velas, incienso, champán, flores en la mesa, servilletas que combinaban sorprendentemente bien con el mantel, Luis Miguel, Celine Dion. Cuando Marta llegó justo a la hora pactada, una casi virginal expresión de asombro asomó a su rostro nada más cruzar la puerta, y dos perfectas lágrimas de emoción, excepcionalmente bien formadas a causa de dos años de concienzuda preparación e interminable espera, brotaron de sus ojos con la humilde pero profunda satisfacción del ganador de un premio honorífico y bajaron por sus mejillas exhibiéndose, como si desfilaran por una pasarela de cálida piel. Marta se volvió hacia Daniel y, tras cinco segundos de extática, casi diríase catatónica mirada admirativa, recibió el beso más prolongado y preñado de promesas que había recibido en su vida. Daniel se desprendió de sus labios perezosamente, como el que se levanta rezongando de un sofá especialmente cómodo para contestar el portero electrónico, y se dispuso a hablar, convencido de que nada en el mundo podría deshacer el hechizo del momento.
-Oye, ¿te importaría quedarte luego para ayudarme a limpiar todo esto?

5 comentarios:

Anónimo dijo...

y esa es nuestra esencia masculina.
muy observador, espero que no sea autobiografico.

sangreybesos dijo...

No es autobiográfico, pero tengo la sensación de que mi mujer se habría partido la caja...

Silderia dijo...

Seguro que tu mujer se habría partido la caja y cariñosamente, mientras me dices eso te digo que me voy a dar un baño relajante mientras tú recojes.

Es que mi marido es un cahcondo mental.

Ismael dijo...

Ha sido demasiado romántico para lo que yo podría soportar... y dos años esperando no es tanto tiempo... jajaja!

MIS HISTORIAS dijo...

jajajaja, muy másculino.En el fondo él, lo unico que intenta disimular es la emoción que siente en ese momento. Un saludo