lunes, 1 de noviembre de 2010

En la consulta del Licantropólogo

A continuación les ofrecemos una secuencia de La Halitosis del Hombre Lobo de Melitón Topollas, guión cinematográfico que aún no ha encontrado financiación, no sabemos por qué, aunque nos lo figuramos.

INT. CONSULTA DE LICANTROPOLOGÍA. DÍA.
Una consulta médica de licantropología de la Sanidad Pública que no se diferencia en nada de otra consulta de cualquier otra especialidad; por poner, de ésa donde te examinan la picha. El MÉDICO trastea en el ordenador portátil; estará escribiendo un informe o algo. La puerta se abre y entra PACO PEPE, que por el nombre debe tener la camisa metía por dentro y las orejas llena pelos.

PACO PEPE: ¡Doctor!
MÉDICO: ¡Buenos días, paciente! Haga el favor de bajarse los pantalones.
PACO PEPE: Pero si todavía no le he dicho lo que me pasa.
MÉDICO: Ya, bueno, pero es que se los abrocha muy altos. ¿Acaba de bajar de un cerro o qué le pasa?
PACO PEPE: Ah, qué alivio. Por un momento pensé que quería examinarme la picha.
MÉDICO: Sí, hombre; anda que tengo yo el día como para examinar muchas pichas.
PACO PEPE (se sienta): Usted verá, doctor. Mi nombre es Paco Pepe Pérez.
MÉDICO: ¿Y qué quiere que yo le haga? Yo soy médico, aunque hoy parezca un loco con estos pelos. Si quiere cambiarse el nombre, vaya al Registro Civil, que allí hay un funcionario especialista en cambiar nombres. A su madre la llama Maricarmen, fíjese.
PACO PEPE: ¿Y cómo se llama su madre?
MÉDICO: Maricarmen. Pero a ella le gusta que le digan Venancia la Pelona, vaya usted a saber por qué.
PACO PEPE: ¿Por qué supone que quiero cambiarme el nombre?
MÉDICO: Vamos, no me diga, Paco Pepe Pérez. Valiente porquería de nombre para un hombre lobo. Anda, que si yo hubiera tenido un hombre lobo en vez del niño cabezón que tengo, se me hubiera ocurrido ponerle Paco Pepe Pérez. Sí, hombre. Corriendo.
PACO PEPE: Ya, ya, pero qué iban a saber mis padres. Yo no nací hombre lobo, ¿sabe? A mí me mordieron.
MÉDICO: No me diga.
PACO PEPE: Lo que oye. Yo iba para agricultor, como mi padre, y el padre de mi padre, y el padre del padre de mi padre, y el padre del padre del padre de mi padre, que era teniente coronel, pero se retiró porque le gustaban mucho las acelgas y puso un huerto. Yo no lo llegué a conocer, pero me dijeron que se murió.
MÉDICO: Bien, déjeme que retome la conversación porque a usted no lo veo muy capacitado. Dice que una noche le mordió un licántropo.
PACO PEPE: Estamos. Fue culpa mía, en realidad, porque él animalito no era agresivo ni nada. Él estaba tan tranquilo bebiendo de la acequia y yo le tiré una piedra.
MÉDICO: Fantástico.
PACO PEPE: Total, que me mordió en la pantorrilla porque yo era menor de edad e iba en pantalones cortos de pana, y llegué a mi casa sangrando y lleno de mugre porque me caí tres veces por el camino y sin las papas que había ido a recoger y mi padre me cascó un garrotazo no me acuerdo por qué, pero de todas formas sigo pensando que la vida en el campo es muy saludable, no se vaya a creer.
MÉDICO: Prosiga, prosiga, que me está quemando la sangre.
PACO PEPE: Y entonces empecé a convertirme en hombre lobo, muy poco al principio, una poco de pelusa en la cara y en las nalgas. Mi madre se puso muy contenta porque pensó que me estaba haciendo un hombrecito, pero entonces empecé a gruñir y mi madre se asustó porque creyó que había pillado la tos ferina y me dijo “anda que te voy a llevar al praticante a que te ponga una inderción”, y yo le dije “Que no mama, que un bicho ma pegao un bocao”. “No tabrás tragao un chicle”, dijo mi madre, que siempre me asustaba diciéndome que si me tragaba un chicle tendrían que abrirme la barriga para sacármelo.
MÉDICO: Hay que ver.
PACO PEPE: Y poco después me hice hombrecito y ya me picaba cuando se me ponía el pirulo tiesecillo y empecé a salir las noches de luna llena y al día siguiente no me acordaba de dónde había estado. Hasta que una mañana mi madre entró el cuarto y vio una cabra destripada debajo de mi cama y se llevó un susto de muerte y tuvo que fregar con lejía. Y entonces mi padre sospechó lo que pasaba y me acostumbró a no transformarme en hombre lobo a fuerza de palos.
MÉDICO: Ya decía yo que me sonaba su historia. La leyenda dice que su padre le dejó sin paga un mes.
PACO PEPE: No, no; ya sabe usted cómo engordan las historias la gente de pueblo. Una vecina iba diciendo que en las noches de luna llena yo me metía en su huerto para coger chumbos, fíjese, y también decían que le había robado una escopeta al alcalde y no sé qué más.
MÉDICO: Sí, es que lo más fácil del mundo es echarle la culpa al hombre lobo de todas las desgracias que ocurren en el pueblo.
PACO PEPE: Es usted muy comprensivo.
MÉDICO: Claro, hombre. Anda que no llevo tiempo quitándoles bolas de pelo de la garganta y lana debajo de las uñas y mugre y de todo, porque mira que son descuidados ustedes, que todo les trae por culo. Siga contando.
PACO PEPE: Total, que cuando me vine a la ciudad con un pan cateto y un salchichón en un hatillo y un cartón para taparme ya estaba bastante mejor y no iba por ahí devorando ganado excepto una vez que me comí media vaca porque mi novia me dejó por otro tío que se echaba desodorante.
MÉDICO: Caramba, qué mujer tan voluble.
PACO PEPE: Sí, pero después me recuperé y ya no iba por ahí cometiendo barbaridades, aunque la policía me puso una multa por hacer botellón donde no debía y hoy he venido aquí y usted me ha dicho lo de cambiarme el nombre y creo que le voy a hacer caso, mire usted.
MÉDICO: ¿Y qué nombre le apetece ponerse?
PACO PEPE: Todavía no lo he decidido. Algo que vaya más con mi personalidad, supongo, como Waldemar Lewandowski o algo así.
MÉDICO: Pero hombre, piense en su pobre madre, cuando lo llame por su santo.
PACO PEPE: ¿Sabe lo que pasa, doctor? Que cuando hay luna llena me convierto en polaco.
MÉDICO: Eso no es nada. La semana pasada traté a una señora que las noches de luna llena sale a la calle en alpargatas.
PACO PEPE: Hombre, yo no soy médico ni nada, pero diría que lo mío es peor.
MÉDICO: Hombre, pues sí. Yo era por decir algo. ¿Y en qué nota que es polaco?
PACO PEPE: Yo no lo noto, porque, como usted sabrá, cuando a los licántropos nos da la pájara y nos sale pelo, al día siguiente no nos acordamos de nada y nos levantamos sobresaltados porque no sabemos si la noche anterior hemos cerrado el butano. Yo es porque la gente me dice que no se me entiende nada.
MÉDICO: ¿Qué gente?
PACO PEPE: La gente esa. ¿Cómo les dicen? Los chinos.
MÉDICO: ¿Los chinos le dicen que no se le entiende?
PACO PEPE: Sí, sí; yo es que bajo mucho a los chinos de noche cuando se me acaban los mantecados.
MÉDICO: ¿Baja al chino a por mantecados?
PACO PEPE: Sí. A veces también compro una garrafa de aceite.
MÉDICO: ¡No diga más!
PACO PEPE: ¿Ya tiene un diagnóstico?
MÉDICO: No, es que ya me está mareando usted. Recapitulemos. A usted se le acabaron los mantecados.
PACO PEPE: Sí, y baje al chino a por una caja. No hay mucho más que contar.
MÉDICO (desorientado): Eeeeeeh… ya. Es que no era de eso de lo quería hablar. ¿Ve? Ya me ha confundido usted. Dígame, ¿cuándo empezó a darse cuenta de que era polaco?
PACO PEPE: Hará un mes o así. Verá, una noche me estaba comiendo un mantecado… ¿Qué está escribiendo?
MÉDICO: Lo del mantecado. Lo ha dicho usted tantas veces que me pareció importante.
PACO PEPE: Bueno, a lo mejor no tiene nada que ver. Es sólo una anécdota.
MÉDICO: ¿Quién es el médico, usted o yo? ¡Conteste mirándome las orejas! ¡No me diga que no se ha dado cuenta de que tengo una más grande que la otra!
PACO PEPE: Vale, vale, no se ponga así.
MÉDICO: ¿Por dónde íbamos? (mira la pantalla del portátil) Mantecados.
PACO PEPE: Sí, total, que antes de la transformación me di cuenta de que se me habían acabado…
MÉDICO: ¿Los mantecados?
PACO PEPE: Ajá. Entonces… ¿Qué está escribiendo ahora?
MÉDICO: “Mantecados” otra vez. Yo es que las cosas importantes las escribo siempre dos veces. Así, cuando repase su informe mañana, veré “Mantecados Mantecados”, y sabré que era un dato realmente remarcable. Claro, que cuando pase un tiempo y coja su informe para dar una conferencia o alguna otra tontería, no recordaré a qué venía esa gilipollez de los mantecados; pero para qué me voy a preocupar por eso ahora, si todavía falta un año o más. ¿Qué hizo luego de que se le acabaran los mantecados? ¿Bajar al chino?
PACO PEPE: Sí, bueno, bajé al chino, esto me lo han contado, y pedí otra caja…
MÉDICO: Un momento, un momento. ¿Había terminado de tragarse el último mantecado antes de transformarse en hombre lobo?
PACO PEPE: Pues ahora que lo dice usted, no. Lo tenía a medio masticar cuando salió la luna llena.
MÉDICO: Ahí lo tiene. Alégrese, hombre, que usted no se transforma en polaco ni nada. Lo que pasa es que está usted tonto y punto y pelota.
PACO PEPE: Hombre, pues me deja más tranquilo.

4 comentarios:

Silderia dijo...

Un hombre lobo, polaco que come mantecados y su padre le mataba a palos para evitar que se transformara, No se como no han financiado la historia, es escalofriante.

sangreybesos dijo...

Es que está atrasada a su época... La combinacion Hombre lobo / Paleto lento habría arrasado en el cine español entre el 1976 y 1985, aproximadamente

Mr.Incógnito dijo...

Ha ofrecido usted una bella pieza de lo que los cinefóbicos vienen a llamar cinema-verité. Se nota la influencia de la más anodina normalidad en la conversación de dos seres instalados en la rutina en el detalle de los mantecados.A partir de la aparición del dulce, verdadero protagonista, el relato toma un cariz de verosimilitud que ríase usted de los corrillos a la salida del senado, por poner un sitio en el que se reune gente.

Yo también sospecho que era polaco. De las afueras.

Jose Ramon Santana Vazquez dijo...

...traigo
sangre
de
la
tarde
herida
en
la
mano
y
una
vela
de
mi
corazón
para
invitarte
y
darte
este
alma
que
viene
para
compartir
contigo
tu
bello
blog
con
un
ramillete
de
oro
y
claveles
dentro...


desde mis
HORAS ROTAS
Y AULA DE PAZ


COMPARTIENDO ILUSION


CON saludos de la luna al
reflejarse en el mar de la
poesía...




ESPERO SEAN DE VUESTRO AGRADO EL POST POETIZADO DE ALBATROS GLADIATOR, ACEBO CUMBRES BORRASCOSAS, ENEMIGO A LAS PUERTAS, CACHORRO, FANTASMA DE LA OPERA, BLADE RUUNER Y CHOCOLATE.

José
Ramón...