lunes, 28 de septiembre de 2009

Confesiones de un poltergeist güeno güeno de verdad auténtico del Líbano

Como nuestro archivo no dispone de imágenes de un poltergeist auténtico, les dejamos con una instantánea de Pin.
Detrás podemos observar a Pon.

Estimadas víctimas de la incredulidad:
Que sí, hombre, que esta vez va en serio. Que el investigador jefe de nuestro Departamento de Investigaciones sobre Esto y Aquello nos dijo el lunes durante el almuerzo “He conseguido una piscofonía de esas de un porterguei auténtico, canijo”, y después añadió “Pásame la salsa Goloñesa”, sin que viniera a cuento. La escalofriante psicofonía registra claramente una voz masculina diciendo “¡Coñocoñocoño!” y, acto seguido, un gran estruendo. Nuestro investigador nos aseguró que la voz provenía de una presencia incorpórea. “Os juro por mi madre que allí no había ni Dios. Inequívocamente, se trata de la voz de un ente de ultratumba”. Desgraciadamente, tras un concienzudo examen posterior, descubrimos que el sonido registrado por la grabadora no provenía del más allá, sino de la habitación contigua. “Me encontraba arrastrando un armario”, explica el jefe de albañiles Marcial Escómbrez, “pero no reparé en la caja de herramientas que reposaba sobre él, y vi que se me venía encima. De ahí el enfático Coñocoñocoño que puede escucharse, y el pifostio posterior”, aclara con sorprendente desenvoltura. Pero, como no hay mal que por bien no venga, el escándalo despabiló al señor Fausto Capelotas, espectro residente de la Mansión de las Sombras. “Hay dos formas de despertar a un muerto”, explica el difunto Capelotas una vez se hubo lavado la cara y quitado los ectoplasmas de los ojos. “Una es robarle algo que le perteneció en vida: Un grimorio, una efigie exótica, unos pantalones bombachos, o alguna otra cosa que ya no se estile. La otra forma es que alguien abra un armario de la cocina y se le caiga al suelo la perola del puchero. Las dos nos ponen de una hostia que para qué”. Le preguntamos si ése era el origen de las infames maldiciones de ultratumba. “Ya le digo. Al contrario que los seres vivos, las maldiciones de los muertos tienen la cosa de que se hacen realidad. Usted no le dice a alguien “¡Ojalá te caiga encima una gramola!” esperando que tal cosa vaya a ocurrir. Con nosotros es muy diferente; basta que uno se levante diciendo “¡Me voy a cagar en todo!” para que se arme la de Dios es Cristo: manos cercenadas que persiguen a la gente, retratos que te siguen con la mirada, espejos en los que te ves la coronilla, antenas parabólicas que sólo reciben la señal de cadenas locales, frascos de pepinillos que no se abren ni a la de tres…”. Al preguntarle por qué nosotros no nos hemos llevado un rapapolvo de ultratumba, el señor Capelotas, que llevaba siete meses durmiendo, responde, “Ya le digo que el tema de las maldiciones depende del improperio que sueltes al despertar. Si te levantas diciendo, por ejemplo, “¡Su puta madre!” es probable que tu cortadora de césped acabe persiguiéndote por todo el living; pero en este caso yo sólo he dicho “¡¿Pero qué cojones…?! y lo único que ha pasado es que un tipo ha venido a explicarme qué estaba ocurriendo para después enseñarme los genitales. Y, de todas formas, siete meses de sueño para un muerto es una siestecita. Estaba viendo un documental cuando me quedé traspuesto”, revela. Y continúa, “El nivel de cabreo al despertar de repente es directamente proporcional al tiempo que el fantasma lleve durmiendo. Yo conocí a una momia que volvió de entre los muertos después de cuatro mil años de descanso, y que ya en vida tenía mal despertar, así que imagínese. Se lió a zapatazos con los profanadores de su tumba, con eso se lo digo todo”. ¿Se considera el señor Capelotas un poltergeist? “Nosotros preferimos que nos llamen ‘Fenómenos Extraños’, porque estamos hartos de tanto germanicismo en el ámbito de lo sobrenatural”. Hostia, que bien habla este fenómeno extraño. “A ver si se creen ustedes que el acopio de conocimientos termina con la muerte”, revela. “Ahora mismo formo parte de una comisión de investigación constituida por eminentes científicos del más allá que está estudiando una forma satisfactoria de resucitar a los muertos sin que se les caiga la picha a cachos”. No nos joda. “Lo que les digo”, afirma. “Nuestro objetivo es crear un zombi que huela un poquito mejor y que coma más variado, que una ensaladita de vez en cuando no está de más. Un poquito de rúcula, unos canónigos… Los cerebros y la carne cruda van fatal para el ácido úrico. Lo ideal es comerlos uno o dos veces en semana, a lo sumo, acompañados de un huevo y unas papas fritas, si se quiere”. Hicimos notar al señor Capelotas que nos estábamos desviando del tema, y quisimos saber si lo retenía en la Mansión de las Sombras alguna tarea inconclusa. “Un sudoku”, contesta cípticamente. “Qué momento tan estúpido para morir, ¿verdad? Aunque peor fue lo de un amigacho mío, cuyas últimas palabras fueron ‘Y tiro porque me toca’”, revela. “En fin, que no me puedo mover de aquí hasta que termine el puto sudoku. Debo reconocer que, a veces, las reglas para acceder al plano astral me resultan incomprensibles. El espíritu de un antepasado mío estuvo veinte años atrapado en el mundo de los vivos porque murió antes de pagar el último plazo del piano. Estuvo casi la mitad de ese tiempo apareciendo todas las noches a los pies de la cama de su viuda, repitiéndole, “El piano, el piano”. Hasta que un día su mujer, harta de su difunto marido, se mudó por sorpresa. Mi antepasado fue a visitarla aquella noche y se quedó con un palmo de narices. Como su señora no dejó señas y puso en venta la casa, mi antepasado estuvo dándoles la murga con el jodido piano a los nuevos inquilinos a diario, que, claro, no tenían ni idea de lo que les estaba hablando. ‘¿Pero qué dice éste? ¿Qué piano?’, le preguntaba el propietario a su esposa, y así todas las noches. Total…”. Ejem. “Lo siento”. A continuación quisimos saber qué diferencia a un poltergeist de otros tipos de fantasmas menos destructivos. “La habilidad psicomotora”. Ah, qué bien. “A ver”, explica, “la gente se cree que los poltergeist somos unos cabrones porque vamos tirando la porcelana al suelo por la puta cara, y no es así. Es que somos torpes. No es nuestra intención asustar a nadie; la mayoría de los ruidos extraños que se oyen en una casa encantada está provocada por nuestra impericia. Los últimos propietarios de esta mansión la abandonaron despavoridos después de oír un gran estruendo que no fue intencionado. Lo que pasa es que tropecé con la alfombra y me caí rodando por las escaleras. La gente cree que hacemos ruidos por la noche para incordiar. ¡Nada más lejos de la realidad! ¿Cómo no vamos a hacer ruido si no vemos un pimiento y dejan las sillas en cualquier sitio? ¿Piensan que los fantasmas disponemos de visión infrarroja, o qué?” Entonces, ¿los fantasmas no son intangibles? “Cuando tenemos el día bueno, sí. Pero cuando estamos de bajón, nos vamos tropezando con las esquinas de las mesas y metiendo el pie en el cubo de la fregona”. Para finalizar, le preguntamos al señor Fausto Capelotas por sus futuros proyectos. “Estoy escribiendo el guión de una película”, afirma. “Es un thriller psicológico donde, a causa de una apuesta, un fantasma se va a pasar la noche a una casa supuestamente habitada. Creo que va a quedar muy bien, porque al principio no se sabe si de verdad hay alguien viviendo allí o el protagonista se está volviendo loco”.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Entrevista con un poltergeist de esos

Carol Aaaaaaanne, cómete el pollo

Estimados amantes de los intríngulis, que, como haber, hay gente pa tó:
El Departamento de Investigaciones sobre Esto y Aquello de Un beso de buenas noches de mil demonios se complace en presentar un documento espeluznante no apto para personas con afecciones cardiacas y/o recién salidas de la peluquería, que no es nuestra intención que la gente vaya diciendo de usted “Mira ése, con taquicardia y encima despeinado”. Y es que nuestros investigadores han llevado a cabo una entrevista en exclusiva con el señor Fausto Capelotas, poltergeist titular de la infame Mansión de la Sombras, que se encuentra orientada al norte, y en veranito muy bien, pero en invierno hace un biruji que no veas. A continuación les ofrecemos la transcripción íntegra de este acongojante documento.


POLTERGEIST: Dame veneno, que quiero morir, dame veneeeenoooo…
INVESTIGADOR: Oiga.
POLTERGEIST: …que antes prefiero la muerte que vivir contigo, dame veneeenooo…
INVESTIGADOR: Ejem, señor.
POLTERGEIST: …ay, para morir. ¡Coño!
INVESTIGADOR: Disculpe…
POLTERGEIST: Que susto me ha dado, caballero.
INVESTIGADOR: No era mi intención.
POLTERGEIST: ¿Qué? Espere, que me quito lo auriculares.
INVESTIGADOR: Sí, eh, buenas noches.
POLTERGEIST: Buenas. ¿Qué se le ofrece?
INVESTIGADOR: Verá, soy un investigador paracientífico.
POLTERGEIST: Ah, pues mira qué bien. ¿Y a qué se dedica?
INVESTIGADOR: Investigo fenómenos paranormales y esas tonterías.
POLTERGEIST: Ya. Qué contentos deben de estar sus suegros con usted.
INVESTIGADOR: ¿Le importaría contestarme unas preguntas?
POLTERGEIST: ¿Quién, yo? Uy, si yo no sé nada de fenómenos paranormales. Nunca me ha sucedido nada raro. Bueno, miento. Una vez se me apareció el fantasma de Alejandro Magno y me quitó una pestaña que se me había metido en el ojo. Al principio me dio un susto de muerte, pero después no vea usted qué alivio.
INVESTIGADOR: ¿No es usted un portergüei de esos?
POLTERGEIST: ¿Un qué?
INVESTIGADOR: Un portergüei. Como el de la película.
POLTERGEIST: Me va a disculpar…
INVESTIGADOR: No, discúlpeme usted a mí. Es que soy del sur y, como sabe, en el sur nos comemos las ezes.
POLTERGEIST: ¿Que en el sur se comen ustedes las heces? Pues no, no lo sabía. Pero no se las comerán así al natural, ¿verdad? Les echarán orégano o algo.
INVESTIGADOR: No, jaja, creo que me ha entendido. Las eses. Nos comemos las eses. Coño, qué difícil de pronunciar.
POLTERGEIST: Oh, qué bochorno. Había entendido que a ustedes les gustaba comer mierda. Jaja, qué susto me he llevado. Como la dieta mediterránea está en expansión, ¿sabe? Cualquier día se pone de moda y estamos todos comiendo boñigos, yo qué sé, a la boloñesa. Boloñiguesa, podrían llamarlo. O hamburguesas de boñigos, boñiguesas. O bollos de boñigo, bollogos. O, rizando el rizo, bollos de higo con boñigos, bolligos. Que digo yo que a lo mejor no va mal para el tránsito intestinal. ¿No dicen que lo que se come, se cría? Ahí lo tiene. Pero, en fin, cosas más raras se han visto. Si hay gente que come hormigas fritas y saltamontes cubiertos de colacao y no le da un cólico en el frítico ni nada. Que no critico sus gustos culinarios, quiero decir. Por mí como si revientan todos ustedes.
INVESTIGADOR: ¿Un cólico dónde?
POLTERGEIST: En el frítico. Un órgano que tenemos por aquí, que te duele cuando te da un cólico. No sé si sirve para algo más, no soy anatomista. ¿Por qué no me deja en paz?
INVESTIGADOR: Un cólico nefrítico, querrá decir.
POLTERGEIST: Sí, eso, un cólico en el frítico. Lo que pasa es que ustedes se comen las eles. Entonces, usted lo que quiere saber es si yo soy…
INVESTIGADOR: Un poltergeist. ¿Lo he dicho bien? Es que la palabra tiene tema.
POLTERGEIST: Desde luego. Es que es un término alemán y, como la mayoría de los términos alemanes, tiene muy mala pipa.
INVESTIGADOR: O mala follá, también se dice. Desaborido, para entendernos.
POLTERGEIST: Claro, claro. Fíjese en otras palabras alemanas, fíjese. Achtung, por ejemplo.
INVESTIGADOR: Uf, Achtung, qué palabra tan antipática. Es la primera vez que la escucho y ya me cae mal. Y eso que no me ha hecho nada, pero es que yo soy muy de primeras impresiones. ¿Sabe usted que significa Achtung?
POLTERGEIST: Sí, es algo así como “Cuidado, no vayas a tropezar con esa cacerola”.
INVESTIGADOR: ¿Todo eso?
POLTERGEIST: Los alemanes es que son muy sintéticos, como el poliéster. Es una palabra que se suele utilizar mayormente en la cocina. Note que la terminación “tung” tiene una connotación muy cacerolesca. Nadie suele utilizar “Achtung” lejos de los fogones.
INVESTIGADOR: Ahora que lo dice, no creo haber escuchado jamás a un alemán exclamar “Achtung” mientras se rasca la espalda, o lo que sea que le pique a un alemán.
POLTERGEIST: ¿Insinúa que a los alemanes no les pican las mismas partes del cuerpo que al resto de la gente?
INVESTIGADOR: Sí, bueno; entre usted y yo, siempre evito sacar ese tema en público.
POLTERGEIST: Me hago cargo. Un asunto polémico, el de los picores.
INVESTIGADOR: No lo sabe usted bien. Estoy haciendo un estudio sobre el tema.
POLTERGEIST: ¡Qué me dice! Cuénteme usted algo, hombre, no me deje con la intriga.
INVESTIGADOR: Cómo no. ¿Sabía usted, por ejemplo, que durante la Dinastía Edo los japoneses evitaban rascarse la entrepierna delante de las tumbas de sus parientes? Les parecía una falta de respeto para con sus difuntos más cercanos.
POLTERGEITS: ¡Oh! ¡Qué anécdota!
INVESTIGADOR: Eso no es nada. Los noruegos, por ejemplo, sólo se rascan los sobacos en presencia de un notario.
POLTERGEIST: ¡Caramba! ¿Y a qué se debe tal comportamiento?
INVESTIGADOR: Vaya usted a saber. Anda, que menudos son los noruegos. Cualquiera les pregunta nada. Los noruegos es lo que tienen.
POLTERGEIST: ¿Que son muy reservados?
INVESTIGADOR: Que se pasan el día hablando en noruego. Y yo no entiendo ni papa de noruego. El noruego se parece mucho al alemán, ¿sabe? Ninguno de los dos se entiende si no se conoce.
POLTERGEIST: ¿Y el sueco? ¿Conoce usted el sueco?
INVESTIGADOR: No lo sé. ¿Eso qué es?
POLTERGEIST: Otro idioma que tampoco se entiende si no se conoce.
INVESTIGADOR: ¿Otro? Vaya por Dios. Hay más idiomas que no conozco de los que yo imaginaba. A ver si a alguien le da por inventar idiomas que conozcamos. Uno con palabras como “encimera”, “falacia” o “retornable”.
POLTERGEIST: Interesante. ¿Y cómo llamaría usted a ese nuevo idioma?
INVESTIGADOR: No sé. Lo llamaría… “Mindungo”, a lo mejor. ¿Hay algún idioma que se llame Mindungo?
POLTERGEIST: No sé. Me parece harto improbable, de todas formas.
INVESTIGADOR: Mindungo, entonces. ¡Ja! Ya verá cuando se me acerque un noruego y le empiece a hablar en Mindungo. Se va a cagar. Él me va a preguntar cualquier cosa en noruego, y yo le voy a decir “La encimera retornable es una falacia”. Se va a quedar de una pieza.
POLTERGEIST: ¿Qué quiere decir?
INVESTIGADOR: De una pieza, así, no de dos ni de tres piezas, ni de doscientas treinta y siete, pongamos por caso. De una sola, vamos.
POLTERGEIST: No, no. “La encimera retornable es una falacia”. ¿Qué quiere decir?
INVESTIGADOR: Ah, disculpe. Creí que usted entendía el Mindungo.
POLTERGEIST: ¿Yo? No, no. ¿Le he dado esa impresión?
INVESTIGADOR: Sí, bueno; como parece usted un hombre de mundo…
POLTERGEIST: Oh, no crea; los poltergeists salimos muy poco. Coño, sí que es difícil pronunciarlo en plural. Poltergeists.
INVESTIGADOR: Hum, sí. Le diré lo que vamos a hacer. Vamos a crear una palabra que signifique portergüei de esos en Mindungo.
POLTERGEIST: ¿Haría usted eso por mí?
INVESTIGADOR: Faltaría más, hombre. Quiero decir, poltergeist.
POLTERGEIST: ¿Y qué palabra podía ser?
INVESTIGADOR: ¿Qué le parece, no sé, “Estengcrackensk”?
POLTERGEIST: Uy; muy complicada me parece ésa. Imagínese que doblan la película “Poltergeist” al Mindungo. “Dos entradas para Estengcrackensk para la sesión de las diez menos cuarto”. La gente no iría a verla por miedo a quedar en ridículo delante de la taquillera. Preferirían ver una película con un título más fácil de pronunciar, como, no sé, “El apio”, por ejemplo.
INVESTIGADOR: No sé usted, pero yo no iría a ver una película titulada “El apio”. Digamos que como título tiene una fuerza dramática más bien limitada. ¿De qué podría tratar una película titulada “El apio”? De poltergeists seguro que no. O estengcrackensk, como se les conoce ahora.
POLTERGEIST: Yo veo el argumento muy claro. Un hombre va a comprar apio, ¿vale? Digamos que ese día hace frío y a nuestro protagonista se le apetece una sopa de verduras bien calentita. Eso es lo que se conoce en el lenguaje cinematográfico como “motivación del personaje”.
INVESTIGADOR: No, si tiene su lógica, pero de todas formas, ¿por qué querría nadie hacer una película sobre un tipo que va a comprar verduras?
POLTERGEIST: ¿Por qué no? ¿Acaso no hicieron una trilogía sobre un pintor de brocha gorda? ¿Cómo se llamaba?
INVESTIGADOR: Ah, sí. “Pintor de Brocha Gorda”, “El Regreso del Pintor de Brocha Gorda” y “El Pintor de Brocha Gorda Ya No Vive Aquí”.
POLTERGEIST: No, no. Me refiero a Poltergeist 1, 2 y 3.
INVESTIGADOR: Permítame sacarlo de su error, caballero. La saga Poltergeist no trataba sobre pintores de brocha gorda en absoluto. Lo remarcan en los créditos finales. “Cualquier parecido con cualquier pintor de brocha gorda…”, etc. “Ningún pintor de brocha gorda ha resultado herido…”, etc.
POLTERGEIST: Considéreme sacado. ¿Debo deducir que el término “poltergeist” no significa “pintor de brocha gorda” en alemán?
INVESTIGADOR: Eeeeeh, no, creo que no. No sé lo que significa. Ah, sí. “Fenómenos extraños”, me parece. Oiga, me he dado cuenta de que estoy empezando a entender el alemán.
POLTERGEIST: Entonces supongo que ni soy un poltergeist ni nada.
INVESTIGADOR: Ahora que lo dice, ya me parecía a mí raro encontrar a un portergüei encalando una pared.

Próximamente: Una entrevista con un poltergeist güeno güeno de verdad auténtico del Líbano en el post titulado “Entrevista con un poltergeist güeno güeno de verdad auténtico del Líbano”. Coming soon: An interview with a truly gud gud poltergeist authentic from Libano in the post entitled “Interview with a truly gud gud poltergeist authentic from Libano”.
Además: La verdadera historia detrás de la realización de “El Apio”, una de las joyas recientes más desconocidas de la cinematografía nacional, y con razón.

viernes, 10 de julio de 2009

El Distinguido Arte de Rascarse las Pelotas (The Gentle Art of Scratching Balls)

Después de hacer saltar la chapa de su botellín de cerveza con notable delectación y con un abridor “Homer Simpson”, podemos observar cómo nuestro espécimen acerca la mano que le queda libre a sus genitales, pausada pero inexorablemente.

-¡Oiga!
-Mierda, Manolo, se ha dado cuenta.
-¿Se puede saber, si no es mucho preguntar, qué cojones hacen ustedes en mi casa?
-Verá, caballero, somos unos documentalistas de esos del canal Diosea, especializado en documentales para pijos.
-¿Y a mí qué me cuenta?
-Pues nada, que, atendiendo a las demandas de nuestros espectadores, nos encontramos lo que se dice ahora mismito realizando un reportaje sobre la exótica especie conocida como machus ibericus vulgaris, a la que usted pertenece, no nos cabe la menor duda.
-Eh, eh –dije-. Eh –enfaticé-. Que entiendo perfectamente lo que dice. No se deje engañar por el aspecto más bien desguarnecido de mis calzoncillos; tengo algunas nociones de latín. Lo suspendí cuatro veces.
-Magnífico, magnífico. Oiga, ¿le importaría cambiar esa botella de cerveza de importación por un cartón de vino peleón? Es para infundir un poco de verosimilitud a la escena, sabe usted.
-Pero, hombre, qué dice. Que es una birra de las buenas buenas. En el Hipercor la he comprado, fíjese.
-Lo que usted diga. ¿Podría seguir haciendo eso que estaba haciendo antes de que usted reparara en nuestra presencia?
-¿El qué?
-Estaba aproximando su roñosa zarpa a sus testículos.
-¿Van a grabar cómo me rasco las pelotas para emitirlo en su canal?
-Si no es mucha molestia.
-Pero, hombre, póngase en mi lugar.
-Quite, quite.
-Que me van a ver un montón de pijos, ahí, tocándome los huevos.
-Eso debería ser un motivo de orgullo para usted, infeliz.
-No me diga.
-Le digo, le digo. Pijos. El más alto escalafón en la evolución humana. El Pueblo Elegido por Dios. Los pijos heredarán la Tierra. Ah, pijos. ¿Puedo decirlo una vez más? Pijos.
-¿Sabe usted cómo llamamos a los pijos los que no somos pijos? Pijos de mierda.
-Oiga, déjese de bromas, que se me acaba de cortar el gazpachuelo.
-En serio. Pijos de mierda.
-Como lo vuelva a repetir le meto un sopapo.
-Pijos de mierda.
-Cambiemos de tema, que se me está empezando a abrir la fístula. ¿Por qué se disponía a rascarse las pelotas, como dicen graciosamente ustedes los normales?
-¿Por qué cree? Hoy dan comienzo mis vacaciones.
-Oh, qué proletario tan afortunado ¿Y dónde piensa disfrutar estos días de ocio y solaz esparcimiento? En Saint-Tropez seguro que no.
-No, no. Tiene que haber un montón de pijos de mierda allí.
-Oiga, ¿ha pensado en pasar una temporada en Guarromán? Allí le recibirían con los brazos abiertos.
-Mire, ésa es la ventaja de vivir en Málaga; no tenemos por qué hacer turismo.
-O sea, que ya se ha gastado la paga extra en vino, ¿verdad? Anda que no les gusta empinar el codo a ustedes ni nada.
-Sí, bueno; estadísticamente hablando, en esta ciudad hay un bar por cada dos habitantes.
-Y dos bibliotecas para todos los habitantes.
-¿A los pijos les interesan mucho las bibliotecas?
-¿Las drogas de diseño, dice? Uy, un montón.
-No, no; las bibliotecas.
-Ah, eso no. Le había entendido mal.
-¿Se van ya, o tengo que sacar el trabuco?
-No, no, ya nos vamos, que me he dejado a un parroquiano en el horno. ¿Se va a dedicar a algo en estas vacaciones, o qué?
-Bueno, colgaré algún capítulo de ¿Conoce usted su ojete?, eso seguro.
-Mierda.
-¿Qué pasa?
-No estoy muy seguro de que se pueda decir “ojete” en este canal. Bueno, después lo arreglamos en la mesa de edición, si eso. ¿Algo más que añadir?
-¡Pues nada, que la administración de Un beso de buenas noches de mil demonios les desea a sus cuatro o cinco lectores un feliz verano!
-¿Nada más?
-Nada más. Bueno, sí, un consejo veraniego: Que mira que en esta época se escuecen mucho las ingles por culpa del calor y el efecto de las uñas en el escroto, y que os echéis Nivea. ¿Qué pasa? A mí me funciona.
Saint-Tropez, los cojones

lunes, 29 de junio de 2009

¡¡El Agente 0’05 contra el Doctor Nosé, a lo mejor!!

Sí, bueno, es Perry el ornitorrinco. Ya aprenderé a dibujar mis propios agentes secretos un día de estos, caramba.

DORMITORIO. INT. NOCHE.
Al principio no se ve un pimiento. Un teléfono suena. La lámpara de una mesita de noche se enciende y vemos a ¡CEROCOMACEROCINCO, el más discreto de los agentes secretos del Servicio Ídem! A su lado se encuentra su santa esposa ANGUSTIAS MÍGUEZ, antigua reina de las fiestas patronales de Valdebadajo de Abajo, que ahora se dedica a sus labores y a dejar engordar su culo. A CEROCOMACEROCINCO le hace ilusión llamarla ANGIE, vaya usted a saber por qué.

ANGIE (descolgando el auricular): ¿Quién es?
ARBOGAST (off): Ejem. ¿Qué hace usted cuando caga fuera de casa?
ANGIE: ¿Que qué? Oiga, son las cuatro de la mañana.
CEROCOMACEROCINCO (desperezándose): ¿Quién es?
ANGIE: No sé. Debe ser un vualler de esos.
CEROCOMACEROCINCO: ¿Un qué?
ANGIE: Un vualler. Sí, hombre, esos que llaman por teléfono para decir picardías.
CEROCOMACEROCINCO: Eso no es un voyeur. Un voyeur es una persona que disfruta contemplando actitudes íntimas o eróticas de otras personas.
ANGIE: Bueno, lo que sea. Un pervertido. Oye, a lo mejor hasta se está haciendo una manola. (Al auricular) Oiga, no se estará usted meneando el manubrio, ¿verdad?
ARBOGAST (off): ¿Eh? Ejem. ¿Qué hace usted cuando caga fuera de casa?
ANGIE: Y dale. (A CEROCOMACEROCINCO) Que digo yo si no va a ser una encuesta telefónica, y le estoy preguntando al pobrecillo ecuatoriano este si se está meneando el manubrio.
CEROCOMACEROCINCO: ¿Es ecuatoriano?
ANGIE: Pues no sé. (Al auricular): ¿De dónde es usted, señor? ¿En su tierra se dice eso de menearse el manubrio, o cómo le dicen? (A CEROCOMACEROCINCO) Al mejor no se ha molestado porque en su país no entienden lo del manubrio. ¿Cómo le dicen, que lo vi en una telenovela? El prespurcio, me parece. (Al auricular) Oiga, no se estará usted meneando el prespurcio, ¿eh?
ARBOGAST (off): Ah… ¿Qué hace usted cuando caga fuera de casa?
ANGIE: Hay que ver lo pesado que se está poniendo usted con lo de cagar fuera de casa.
CEROCOMACEROCINCO (ligeramente sobresaltado): Es la contraseña. Pásame el teléfono. (Angie obedece) ¿Sí?
ARBOGAST (off): Ejem. ¿Qué hace usted cuando caga fuera de casa?
CEROCOMACEROCINCO: Nunca cago fuera de casa. Prefiero reventar como un siquitraque.
ARBOGAST (off): Buenas noches, Cerocomacerocinco.
CEROCOMACEROCINCO: Buenas noches, jefe.
ANGIE: Dile a tu jefe que me perdone por haberle confundido con un ecuatoriano pervertido.
ARBOGAST (off): Disculpe que le llame a estas horas tan intempestivas, agente, pero tenemos una emergencia.
CEROCOMACEROCINCO (frotándose los ojos): No me diga. ¿Y por qué no llama a Rita?
ARBOGAST (off): ¡¿Cómo dice?!
CEROCOMACEROCINCO: A Rita Sanguedolce, digo. Nuestra nueva agente.
ARBOGAST (off): Ah. No. La agente Sanguedolce se encuentra en Tierra del Fuego en una misión de alto secreto. La verdad es que me muero de ganas de contarle de qué se trata, pero me hizo prometer que no lo haría.
CEROCOMACEROCINCO: Me hago cargo.
ARBOGAST (off): Bueno, se lo contaré. Pero, si la agente Sanguedolce pregunta, yo no le he dicho nada.
CEROCOMACEROCINCO: No, jefe, déjelo.
ARBOGAST (off): Le daré una pista.
CEROCOMACEROCINCO: Que no, jefe, que no hace falta. ¿No decía no se qué de una emergencia?
ARBOGAST (off): Ah, sí. Cerocomacerocinco, espero que tenga a mano su querida Magnum 44.
CEROCOMACEROCINCO: ¿”La Perjudicial”? Sí, claro. ¿Tan grave es el asunto?
ARBOGAST (off): Verá, agente; parece ser que su archienemigo ha vuelto a las andadas.
CEROCOMACEROCINCO: ¿Octavius Starkweather?
ARBOGAST (off): ¿Starkweather es su archienemigo? No, no. Me refiero al Doctor Nosé, el científico loco que pretende dominar el mundo cualquier día de estos, si eso. Creía que él era su archienemigo.
CEROCOMACEROCINCO: ¿Nosé? No, ya no. Nos distanciamos. Tuvimos una charla hace unos meses para aclarar las cosas y, bueno, ahora es sólo un enemigo más. Prefiero no hablar del tema.
ARBOGAST (off): Lamento oírlo. Con lo mal que se llevaban ustedes…
CEROCOMACEROCINCO: Bueno, estas cosas pasan. Un día tu enemigo mortal se te escapa de las manos cuando acabas de frustrar sus planes diabólicos y, en vez de despedirse con un “La próxima vez, la victoria será mía”, lo hace con un “Oye, a ver si me pegas un toque y ya nos vemos y tal”.
ARBOGAST (off): Así que ahora Starkweather es su principal enemigo.
CEROCOMACEROCINCO: Bueno, todavía no estamos en ese nivel. Una relación así no se construye de un día para otro, como usted sabrá. Pero, vamos, yo calculo que en cuanto detenga sus siniestras maquinaciones un par de veces más…
ARBOGAST (off): Pero aún sentirá algo por el Doctor Nosé, ¿no?
CEROCOMACINCO: Hombre, un poquito de rabia sí que me da todavía.
ARBOGAST (off): Magnífico. Verá, al parecer esta tarde se ha levantado de la siesta un poco tontito, y va diciendo por ahí que a lo mejor da un golpe de estado esta semana o la que viene. En un mes a lo sumo, dice.
CEROCOMACEROCINCO: El Doctor Nosé siempre ha sido un villano muy indeciso. La última vez que me atrapó no sabía qué máquina mortal utilizar contra mí. Qué tío, el Doctor Nosé. ¿Conoce ese artefacto en que te tumbas y un rayo láser se acerca lentamente a tus pelotas?
ARBOGAST (off): Sí, sí. Es cojonudo, ése.
CEROCOMACEROCINCO: Sí. Bueno, pues cuando me tenía allí tumbado resulta que a la máquina le faltaba una pieza que había olvidado encargar a Hong Kong.
ARBOGAST (off): Lo recuerdo. Ahora se rumorea que está construyendo una máquina que hará saltar todas las alarmas de todos lo coches del mundo al mismo tiempo. Imagínese el cipote que se va a liar.
CEROCOMACEROCINCO: ¿Quién le ha contado eso?
ARBOGAST (off): Sam el Faroles.
CEROCOMACEROCINCO: ¿El soplón mudo esquizofrénico adicto al crack?
ARBOGAST (off): Ya, ya. Tenemos que renovar nuestras fuentes de información.
CEROCOMACEROCINCO: ¿Cuándo cree que se dispone a atacar, jefe?
ARBOGAST (off): Según sus propias declaraciones, antes del martes seguro que no, que le viene fatal. Tiene que ir a hacer unas gestiones al banco y a empadronarse y no se qué más.
CEROCOMACEROCINCO: Buf, con lo despistado que es, seguro que se le olvida el D. N. I o algo en casa y tiene que volver al día siguiente. No creo que empiece a amenazar al mundo hasta el jueves, como pronto.
ARBOGAST (off): Eso sin contar la lentitud de la burocracia en este país.
CEROCOMACEROCINCO: Encima eso. Le digo yo que éste no pone en marcha ninguna operación maquiavélica hasta el viernes.
ARBOGAST (off): Dudo que empiece un viernes. Ya van dos veces que ha interrumpido la conquista del mundo el fin de semana.
CEROCOMACEROCINCO: Sí, es cierto, que el domingo tiene abono para los Toros.
ARBOGAST (off): Sí, bueno, para qué nos vamos a dar tanta prisa en perseguirle, si lo mismo...
CEROCOMACEROCINCO: Ya empezamos la semana que viene, ¿no?
ARBOGAST (off): O la otra. Total…
CEROCOMACEROCINCO: Mañana hablamos. Buenas noches, jefe.
ARBOGAST (off): Buenas noches, Cerocomacerocinco.
ANGIE (cuelga el auricular que le devuelve su marido): ¿Qué quería tu jefe, Cerocoma?
CEROCOMACEROCINCO (acomodándose): Ya mañana te lo cuento, si me acuerdo. Y no me llames Cerocoma, coño, que sabes que no aguanto los diminutivos.

Y en el próximo episodio, o en el otro: ¡El Doctor Nosé decide no aparecer, que está muy liado, cojones!

martes, 16 de junio de 2009

Un nuevo fracaso de nuestro patrocinador

¡Atención, niños! Arale recomienda un poco de diviersión sana al aire libre de vez en cuando
Estimados incontinentes:
-Ya tenemos los resultados de la encuesta puesta en marcha por esta santa casa la semana pasada más o menos a la hora del pan con chocolate, que es lo que toma para merendar la alegre muchachada de hoy día. ¿Me equivoco, Jean-Claude?
Mi adusto mayordomo, mostrando un interés inusitado por el tema, levantó una ceja.
-Según tengo entendido, milord, el pan con chocolate está siendo lenta pero inexorablemente sustituido en el corazón de los jóvenes por un artículo de bollería conocido como "madalena".
-Sin duda, debe tratarse de algún tipo de aberración procedente de Corea o de otro sitio raro como ése -proclamé-. La verdad es que cada vez me resulta más difícil conectar con nuestro público joven, sirviente mío. ¿Siguen coleccionando a escondidas de sus padres postales de mujeres enseñando las enaguas?
-Algunas costumbres nunca pierden su vigencia, señor -dijo Jean-Claude levantando la ceja por segunda vez consecutiva. Tan inaudito despliegue de expresividad facial me llevó a pensar que mi mayordomo había consumido a mis espaldas una cantidad indeterminada de speed.
-Eso mismo pienso yo. Ahora pásame el sobre con los resultados, lacayo.
-Guarde cuidado de no mancharse con el lacre, señor.
-Qué nervios -ras, ras, hizo el sobre-. ¡Ejem! Y el número de participantes en nuestra encuesta "¿Qué haces cuando cagas fuera de casa?" asciende a... ¿ocho?
-¿Esperaba menos, amo?
-De hecho, esperaba algunos más.
-¿Puedo preguntar cuántos más, milord?
-Unos veintitrés mil, chispa arriba, chispa abajo.
-Siento que haya errado en sus estimaciones aproximadas, señor.
-Es una gran diferencia, ¿verdad?
-Al menos lo parece, milord.
-De ocho a veintitrés mil. Sí que parece una gran diferencia, sí. Quiero decir, no estoy licenciado en Matemáticas ni nada de eso. Es sólo una opinión. A lo mejor me equivoco.
-Le otorgaremos el beneficio de la duda, señor.
-Oh, pues muchas gracias. Déjalo encima de la cómoda, que ya lo cojo yo luego, si eso.
Y ahora, redoble de tambor, prrrorompopó, porompom, porompompero, peró, el resultado de vuestras votaciones:
¿Qué haces cuando cagas fuera de casa?
1-. Forro el asiento del inodoro con papel higiénico: 2 votos. Lining the seat of the toilet with hygienic paper: Two Points. Eh... Forrè le sentè, y tal y cuè: Tù puà. La segunda opción más popular, indicada para usuarios sin miedo a los inevitables restos de orina de origen desconocido.
2-. Me coloco en cuclillas apoyando las manos en las paredes: 1 voto. I am placed squatting supporting the hands in the walls: One point. Ah... Moi colocque dans cuclillè y no se quoi: Un puà. La más popular entre aquellos que no temen las habituales salpicaduras de semen que visten los muros de los lavabos públicos.
3-. Nunca cago fuera de casa. Prefiero reventar como un siquitraque: 1 voto. I never shit abroad. I prefer to burst like a sick truck: One point. Jamais déféquer hors de maison. Je préfère éclater comme un siquitraquè: On puá. El método más adecuado para los usuarios con dos cojones.
4.- ¿Y a usted qué coño le importa?: 4 votos. And to you what cunt matters?: Four points. Vous quel cogne importe?: Cuatge puá. La respuesta ganadora y la elegida por los usuarios que prefieren mandarme donde picó el pollo y dejar sus hábitos evacuatorios para la intimidad de la alcoba.

martes, 9 de junio de 2009

¿Y a usted qué coño le importa?

23 de febrero de 2139: El primo Rodolfo minutos antes de incorporarse a su puesto de trabajo


Estimadas víctimas:
Hoy estrenamos una nueva sección titulada ¿Y a usted qué coño le importa?, cuya continuidad no podemos asegurar, dentro de nuestra habitual etiqueta Seamos Serios, que a día de hoy no sabemos exactamente qué aglutina.

-Es que ustedes son un preclaro ejemplo de irregularidad e indecisión, caballero –opinó uno de los asistentes arriesgándose a acabar en la tinaja de brea.
-Le felicito por la amplitud y vivacidad de su léxico, soplapollas –dije manteniéndome fiel a mi costumbre de dar una de cal y otra de arena.
-¿Y de qué trata esta nueva sección, oh, Maestro? –preguntó uno que levantó el dedo para solicitar su turno en vez de introducírselo por el ano; decisión esta última que nos habría hecho la vida más fácil a todos los presentes.
-¿Y a usted qué coño le importa?
-Bueno, bueno; tampoco es para ponerse así.
-No, no, jaja; usted no me ha entendido. ¿Y a usted qué coño le importa? es el nombre de la nueva sección.
-Ah, jaja, ya veo. Comercial a la par que contundente. Como si el conocido grupo pop Las Ojeras de Bajón escribiera una canción sobre cimientos o sobre los pilares de un viaducto.
-O sobre las vigas máster. ¿Sabe usted lo que es una viga máster?
-Sí, hombre, cómo no.
-Pues yo tampoco. Pero como encuentre una le voy a reventar la cabeza, imbécil.

Como iba diciendo antes de que me interrumpieran estos dos subnormales, Un beso de buenas noches de mil demonios se enorgullece en presentar su nueva sección ¿Y a usted qué coño le importa?, que no es más que una encuesta situada aquí a su derecha, o a su izquierda si se colocan de espaldas. Yo es que a veces me coloco de espaldas al ordenador para simular que soy un blog.

-Permítanos que finjamos piadosamente no haber escuchado lo que acaba de decir, oh, Sabio –dijo el tercer tarado de la tarde-. Y yo me pregunto, ¿hacía falta escribir un post para anunciar una encuesta?
-¿Tú eres nuevo por aquí, no?
-Sí, bueno. Estaba buscando información sobre vigas máster y he dado con su página. Imagínese el chasco.
-Entonces no sabrá que aquí hacemos posts sobre cualquier cosa, caballerete. Ayer mismo se me metió una piedrecita en una ranura de la suela del zapato, y ya llevo escritas cinco páginas sobre el tema. No quiero adelantar nada; sólo diré que mi verbo incendiario deja a la Madre Naturaleza en una situación muy comprometida.

¿Y cual es el tema de la encuesta?, se preguntarán ustedes con cicatera curiosidad. Yo se lo diré.

-No se moleste; si total, a nosotros nos la sopla.

¿No se han visto nunca en la perentoria necesidad de defecar lejos de sus hogares? Qué mal rato, ¿eh? Tendrán que reconocer que no es un tema del que se hable muy a menudo, y menos en un ascensor. Usted se encuentra a la vecina del segundo, ésa que tiene tantos gatos como lamparones de mostaza en la bata de felpa, y le dice algo así como “Hay que ver el viento tan tonto que se ha levantado”, no va y le dice “Esta mañana he tenido que cagar en un bar”. Que no es que no sea verdad, pero tampoco es forma de comenzar una conversación. Que no es normal, hombre, que se lo decimos nosotros. A veces la sinceridad resulta innecesaria. No es lo mismo cuando se lo dices a una madre o una esposa. “No he tenido más remedio que jiñar en la oficina. No veas qué mal rato”.

-No te habrás sentado en la tapa- dice como un acto reflejo una madre que pasaba por allí buscando al borracho de su hijo.

Que no, coño. [De todas formas, nadie negará, y al que lo niegue lo hincho a hostias, que Cagar Fuera de Casa, en particular, y Cagar, en general, se está convirtiendo en un hábito cada vez más inusual. Este país está estreñido. Lo hemos probado todo para mejorar nuestro tránsito intestinal: supositorios, enemas, fibra, soja, aloe vera, harina sin refinar, cocaína, Bífidus Activo y, por supuesto, yogur normal caducado, también conocido como “El Bífidus del Pobre”. “Un yogur caducado y te vas de varilla volado”, dice una popular spot publicitario del Ministerio de Sanidad y Consumo de Estupefacientes protagonizado por el piloto de Fórmula 1 Peppino Cagandolatte].

Lo que nos parece importante saber, lectores, es cómo se las apañan ustedes cuando tienen que evacuar en un ambiente hostil [No nos pregunten por qué nos parece importante. Ayer nos parecía importante saber por qué la mayoría de la población ha dejado de ingerir gomas de borrar, que a todas luces nos parece un alimento muy completo].

¿Y a usted qué coño le importa? es una marca registrada de Un beso de buenas noches de mil demonios. Cualquier intento de copia, plagio u homenaje no está sometido a las leyes vigentes en el Código Penal, pero le hará sentirse como un gilipollas cuando se vaya a dormir.

jueves, 28 de mayo de 2009

Joyas del cine español que no le importan a nadie: De Aquí a Sebastopol (1966)

Estimados sarandongas:
Mi entrañable amigo Ruiz, El Pequeño Freak, además de ser un gran conocedor de su propio pene, dato que no viene al caso pero que mencionamos sólo por cuestiones ornamentales, es todo un experto en todo lo que es ese cine español que la mayoría del populacho, o bien no conoce, o bien se la trae al fresco.

-No te imaginas la cantidad de grandes películas que no ha visto casi nadie –me comentó en cierta ocasión con la perilla llena de restos de patatas fritas “Casa Paco”.
-¿A ti cómo te gustan los pezones?

Tengo que reconocer que nuestra conversación de aquel día no nos condujo a ninguna conclusión satisfactoria, pero semanas más tarde, cuando tuve que guardar cama por culpa de una infección provocada por un agujero de bala en el hombro, y sumido en el más profundo de los aburrimientos, eché mano de algunos vetustos VHS que mi buen amigo me había prestado, después de firmarle un recibí y dejarle en prenda la pierna ortopédica de mi tío abuelo Jacinto.
Entre la impresionante colección de rarezas que atesoraba el buen Ruiz, me llamó la atención la titulada El Muerto que Pasó a Saludar (1972) que, hasta hace bien poco, arrastraba una leyenda negra: algunas fuentes indican que la noche de su estreno en Madrid murió un joven de Leganés, a la postre único espectador en la sala, aterrado por los horrendos sucesos narrados en la película. En consecuencia, el filme se retiró de cartel al día siguiente. Sin embargo, una reciente investigación llevada a cabo por el historiador y crítico Ernesto Flamenking puso al descubierto que quien había muerto durante la proyección era el ciudadano ucraniano Bilbil Tezenko, que falleció a los ciento dos años en su casa de Kiev debido a una obstrucción intestinal. Por si el chasco fuera pequeño, unos días después se supo que el deceso no se había producido en la misma franja horaria que la citada proyección, sino tres años antes.
Pero la película de la que os quiero hablar hoy es De Aquí a Sebastopol, protagonizada por la folklórica Manolita Tocotó, hoy tristemente caída en el olvido pero que en sus tiempos de gloria llegó a recibir hasta tres y cuatro cartas semanales de su prima la de Badajoz. Manolita fue un descubrimiento del avispado productor discográfico Ulises Nodoyuna, un donostiarra de carrera más bien errática que a principios de los sesenta compuso y produjo temas para grupos pop como Los Desconocidos o Don Nadie y sus Mindundis, ambos de muy escasa repercusión. Decidido a tomar un nuevo rumbo que levantase su carrera, Nodoyuna tomó bajo su manto a Manolita, con la que primero contrajo matrimonio y después la sífilis. Por razones meramente comerciales, Nodoyuna cambió el apellido de nacimiento de Manolita, Schenkelbrüegel-Schenkelbrüegel, de los Schenkelbrüegel-Schenkelbrüegel de Triana de toda la vida de Dios, por el más sonoro de Tocotó. El ascenso de Manolita al estrellato es narrado por Nodoyuna en su inédito libro de Memorias, cuyo manuscrito fue hallado por la señora Conchi Norro en no sé dónde y utilizado para detener una fuga de agua de su lavadora:

Yo conocía a un operador de cámara del NODO que me debía algunos favores, y cuando llegó el momento de promocionar a Manolita, supe que había llegado la hora de cobrárselos. Él quería pagarme mi peso en calzoncillos, pero le convencí de que me dejara asistir al rodaje de uno de sus reportajes. Estaba decidido a convertir a Manolita en una estrella de la noche a la mañana, así que cuando llegamos allí la empujé contra Franco en el momento en el que el Generalísimo se disponía a salvar a un bebé de una casa en llamas [Como todo el mundo sabe, estas imágenes se perdieron durante la misteriosa y tristemente célebre plaga de langosta que arruinó buena parte de los archivos del NODO, junto a otras de igual o mayor valor, como la llegada del Caudillo a la Luna]".

Según cuenta Nodoyuna, Franco se quedó a la vez prendido de una tramoya y prendado de la muchacha: “Estaba tan embelesado viéndola taconear que hasta se le olvidó fusilarnos”. Y continúa: “En ese momento supe que el Generalísimo en persona iba a ayudar a Manolita a introducirse en el mundo del cine. Que Dios lo bendiga”. El Caudillo, echando mano de su genio estratégico, le presentó a Manolita a José Luis de Castro Armendáriz, que al parecer estaba muy relacionado en la industria cinematográfica. Desafortunadamente, dos meses después Nodoyuna se enteró de que el tal de Castro, “era acomodador. ¿Quién iba a imaginarlo, con semejante nombre y con la importancia que se daba? Nosotros creíamos que el andoba era productor de cine, porque una vez nos comentó que había probado la carne de pato”.
Viendo que la carrera de Manolita no levantaba el vuelo, Nodoyuna vendió la mansión señorial de sus padres para disgusto de estos, que tuvieron que mudarse a un albergue utilizado como residencia habitual por varios millones de piojos. Con el dinero reunido, Nodoyuna financió una película independiente a mayor gloria de Manolita. Según relata en sus Memorias: “Hacer cine independiente en aquella época era algo tremendamente irregular y dificultoso. Hay que tener en cuenta que la censura cinematográfica era realmente dura; una vez tuve una discusión muy fuerte con un censor a causa de una secuencia de mordisquitos en el lóbulo de la oreja; la verdad es que yo no pensaba dar mi brazo a torcer, pero aquella noche encontré una cabeza de caballo en mi cama y decidí reescribir la secuencia durante unas vacaciones en el Pirineo Francés”.
La película resultante se tituló Te espero en Pernambuco (1964), y resultó un aplastante fracaso de crítica y público. “Estaba desolado”, recuerda Nodoyuna. “Pero no estaba dispuesto a tirar la toalla, y envié una copia de la cinta al Festival de Cannes. Estaba totalmente convencido de la calidad de la película”, afirma el productor, que sufría episodios de enajenación mental transitoria desde los seis años de edad. Entre el jurado de aquella edición del Festival se encontraba el afamado realizador japonés Hitano Ozu, que había empezado su carrera como ayudante del oscarizado cineasta Akira Karakiwi y que el año anterior había conseguido un éxito considerable con su ópera prima El Mar de las Flores de Loto, distribuida en España con el erróneo título de El Mal de las Floles de Roto. Ozu, impresionado por las dotes interpretativas y la mirada considerablemente bizca de Manolita, viajó a España para conocer a la diva. “Cuando se presentó en mi casa, lo eché a empujones”, rememora Nodoyuna. “¿Qué otra cosa iba a hacer? Era un chino, por amor de Dios”. Después de aclarar el malentendido, Ozu le propuso a Nodoyuna rodar una película juntos protagonizada por Manolita. “Cerramos el trato en una whiskería”, explica innecesariamente Nodoyuna. El guión resultante, titulado tentativamente La Niña del Azafrán, narraba la odisea de Harry, un periodista americano que viaja a Madrid desoyendo los consejos del director de su magazine, que le asegura que nuestro país ha sido recientemente invadido por una tribu vecina. Nada más llegar, el periodista se siente subyugado por las costumbres españolas, como la de beber hasta caer inconsciente. En un tablao conoce a la renombrada bailaora Manolita Vargas, La Niña del Azafrán, que primero le tira un coñac a la cara y después le besa apasionadamente. Aturdido por el temperamento de la mujer española, el periodista propone a Manolita hacer un reportaje sobre el día a día de una artista del tablao. Manolita acepta, no sin antes tirarle otro coñac a la cara, éste con dos cubitos de hielo. El periodista tiene que vencer el recelo de la tía de ésta, que tiene una salud delicada y no ve con buenos ojos al americano.

TÍA: ¿Y de dónde dices que es el periodista ése?
MANOLITA: De… ¿de dónde me ha dicho? Es que habla muy mal el cristiano. (Haciendo memoria) De Chin… De Chin…
TÍA: ¿De China? No será de China. Mira que en cuanto lo vea aparecer lo echo de aquí a empujones…
MANOLITA: No, tía, de China no. De Chin… ¡De Chinchinati!
TÍA (removiendo la perola del potaje): Uy, de Chinchinati. Hay que ver los nombres tan raros les ponen los americanos a sus pueblos. Anda que aquí no hay nombres de pueblos bonitos, como Valdemorillo, o Navalagamella…

Por si fuera poco, el representante de Manolita, Pacorro Gámez, está perdidamente enamorado de la artista y no soporta que el americano la ronde.

PACORRO (agarrando a Manolita de ambos brazos): Anda, chata, dame un besito. ¡Que me tienes loco, Manolita!
MANOLITA: Suéltame, Pacorro, que me haces daño.
PACORRO: No seas tonta, mujer…
MANOLITA (liberándose de las garras de Pacorro): ¡Toma! (le suelta una galleta). Eso por fresco.
PACORRO: Manolita, mi Manolita. ¿Por qué no me quieres?
MANOLITA: Porque eres mezquino y ruin.
PACORRO: ¿Eso qué es? ¿Quién te ha enseñado esas palabras? ¿Tu novio el inglés?
MANOLITA (desairada): No es inglés, es americano. Y no es mi novio. Aunque no me importaría. Es mucho más hombre que tú.
PACORRO: ¿Ése, más hombre que yo? ¡Ja! ¡Donde esté el producto español, que se quite todo lo demás! ¡Que el otro día lo vi en la piscina, Manolita! ¡Que no tiene ni un pelo en la espalda!

En un intento de librarse del nuevo y molesto pretendiente, Pacorro lía a Harry para que debute como novillero en la Plaza de las Ventas, experiencia de la que se salva por los pelos y que da lugar a numerosos momentos cómicos. Después de un hilarante dúo musical entre Manolita y un peluquero mariquita y un paseo en sidecar por la Gran Vía a ritmo de dabadabadá, el mezquino Pacorro miente a Manolita sobre la enfermedad que padece su tía; Pacorro le asegura que la única forma de salvar la vida de la anciana es llevándola a un especialista americano. Para reunir el dinero necesario, el taimado representante le consigue a Manolita un bolo en Sebastopol, donde, al parecer, la bailaora es toda una celebridad. Manolita, con lágrimas en los ojos, se despide de Harry en el aeropuerto, no sin antes dedicarle la canción “Tu recuerdo me seguirá de aquí a Sebastopol”. Harry, desolado, echa mano de sus contactos en Estados Unidos y descubre que el pretendido especialista americano no es más que un camelo; además, la tía de Manolita empieza a encontrarse bastante mejor en cuanto le extirpan la vesícula y medio pulmón en la casa de socorro. Harry saca un billete de avión para Sebastopol, dispuesto a reencontrarse con Manolita. Cuando llega allí, nadie parece tener noticias de la bailaora. Harry empieza a desesperarse; cuando está a punto de darse por vencido, encuentra por casualidad a Manolita pidiendo limosna en la puerta de una iglesia y postrada en una silla de ruedas. Manolita le cuenta a su amado que había sufrido un terrible accidente de tráfico cuando se dirigía a realizar un espectáculo; Pacorro ha muerto en el siniestro, y Manolita ha perdido las dos piernas. Harry, conmovido, le dice a Manolita que la seguirá amando con o sin piernas; entonces aparece la Virgen de Fátima y le devuelve las piernas a la bailaora como premio por su bondad.
Reconozco que la historia se nos fue un poco de las manos al final”, confiesa Nodoyuna. “En un primer borrador del guión, la tía de Manolita se enteraba del accidente de su sobrina y moría del disgusto, pero sólo aparentemente. Cuando Manolita recuperaba las piernas, su tía volvía de la muerte y los médicos le diagnosticaban catalepsia”, revela Nodoyuna. “Fue idea del chino […] O, bueno, japonés; la verdad es que no me quedó muy claro. El Comité de Actividades Antiespañolas nos dijo que ni hablar, que en España no volvía de la muerte ni Dios. Que en Francia, que eran todos unos liberales apestosos y todo el mundo hacía lo que le daba la gana, vale, pero lo que era aquí…
La película se estrenó con el título definitivo de De Aquí a Estambul en el Cine Humedades de la capital española en sesión doble con la comedia El Hombre, Como el Oso. Al día siguiente, el exhibidor y propietario de la sala se declaró en quiebra por razones que se desconocen, pero que se intuyen.Tras este nuevo fiasco, Nodoyuna abandonó el cine y alcanzó un moderado éxito como empresario de puticlubs. Manolita Tocotó, al año siguiente de De Aquí a Estambul, se embarcó en una gira mundial que empezó en Ciudad de México y finalizó diez kilómetros a las afueras. Manolita sólo llegó a participar en una película más, El Karateca y la Cupletista (1974), de deprimente recuerdo. Por su parte, Hitano Ozu, enamorado de España, se cambió el nombre por el de Ozú Hitano y se quedó a vivir diez años en nuestro país hasta que una noche volvió a Tokio mostrando evidentes signos de intoxicación etílica.