miércoles, 5 de noviembre de 2008

La Iglesia frente a la problemática del pensamiento autónomo


1. DESPACHO DE ORTEGA Y GASSET. INT. DÍA.
Ortega y Gasset garabatea algo en una hoja de papel. Levanta la vista y mira a cámara.
ORTEGA Y GASSET: Siempre que enseñes, enseña a la vez a dudar de lo que enseñas.

2. CALLE CÉNTRICA. EXT. DÍA.
Un sacerdote habla a cámara con un micrófono delante.
SACERDOTE: Sí, hombre; y un cipote.

sábado, 1 de noviembre de 2008

¡Que viene el canco!

Fotograma de "Sentido y sensibilidad 2ª parte"


Estimados amigos de los callejones oscuros:
-Buenas noches y bienvenidos a la Maratón de Halloween de Un beso de buenas noches de mil demonios.
-¡Brrrruummmm!
-Permítanos abrir para ustedes la puerta a lo desconocido.
-Ñiiieeeeec.
-Detrás de ella les espera el misterio.
-¿EH?
-¡Y el terror!
-¡Uuuuuhhhh!
-Sus corazones latirán desbocados.
-¡Pom, pom! ¡Pom, Pom!
-¡Se quedarán sin palabras!
-...
-¡Se mearán encima del susto!
-Eh... ¡Pssssssss!
-¡Se cagarán vivos!
-Hum... ¡Prrrttttzzz!
-¡Pero lo que se dice cagarse vivo, oigan!
-Ah... ¡Prrrt...! Esto, señor...
-¿Sí, Ruiz?
-Observo que, eh, se está saltando el guión que le escribí.
-Sí, bueno, muchacho, ya sabes. He decidido añadir algo de mi propia cosecha, improvisar un poco.
-No, si eso de improvisar está muy bien, pero, ¿le importaría avisarme antes de hacerlo?

1. La Invasión de los Extraterrestres del Espacio Exterior (Dan Chopped, 1957).
La siguiente película de Chopped después de El Ataque de los Ovnis Voladores no Identificados (1956) marca un antes y un después en la Historia del cine de ciencia-ficción, por cuanto antes no se había realizado y después, sí. Unos alienígenas con aspecto humano llegan a la Tierra con el pérfido plan de sustituir al Presidente de los Estados Unidos por una maceta y pretender que su gabinete no se dé cuenta. Al principio su sigilosa infiltración funciona a las mil maravillas y pasan totalmente desapercibidos a ojos humanos, hasta que uno de los invasores tropieza con una pila de cacerolas y se arma la de Dios es Cristo. Un periodista testigo de los hechos alerta a las autoridades, que se llevan un mal rato tremendo y deciden contraatacar. El ejército utiliza todos los medios conocidos para acabar con la vida de seres de otros planetas: agua, electricidad, hielo y ultrasonidos, pero éstos se revelan inútiles contra los invasores. Cuando todo parece perdido y los alienígenas, en su sed de dominación, han alcanzado puestos influyentes en varias comunidades de vecinos, un granjero de Arkansas descubre por casualidad que volarles la cabeza con una escopeta da unos resultados bastante aceptables. En el tenso clímax final, el periodista se enfrenta al megalómano líder de los invasores en una lucha a muerte de la que sale mal parado, con rozaduras en los empeines y pimienta en los ojos. En un envite desesperado, el periodista descubre que el jefe extraterrestre se pone como lacio cuando le soplas en el cogote y entonces resulta relativamente fácil pasarle una apisonadora por encima.

2. Los Pelos del Hombre Lobo (Mario Ropero, 1968).
Una turista sueca conoce en un guateque al noble venido a menos Wenceslao Tchaikovski, que en las noches de luna llena tiene picores por todo el cuerpo y se dedica a devorar parroquianos. En el romántico desenlace, el hombre lobo rehúsa comerse a su amada, pero se pone como el Kiko con su hermana menor. En la doble versión rodada para el extranjero, Wenceslao sólo es capaz de ponerse pinocho cuando se convierte en hombre lobo.

3. Siete rinocerontes bajo un paraguas verde (Luigi Cabronetti, 1971).
Dos años después de su afamado western Dos espuelas para un cojo, Cabronetti se sube al carro del giallo con esta perversa película donde el asesino despliega un impresionante repertorio de asesinatos creativos: Tira una piel de plátano y un notario resbala y se desnuca contra la costa de Madagascar; obliga a una periodista a sentarse sobre una varilla de pinchos morunos; le raja el gaznate a un ganadero con el canto de un folio, etc.

4. El Demoniero (Maxwell Friedchicken, 1974).
La pequeña Roberta, de doce años, disfruta con las mismas cosas que cualquier niña de su edad, como enterrar gatos vivos o empujar a ancianos con bastón en las escaleras del metro. Pero un día, sin motivo aparente, Roberta comienza a desarrollar facultades extrañas, como hablar en lenguas que no conoce (en una escalofriante secuencia, entra en la cocina y le dice a su madre: "Ozú, mi arma, ven acá p'acá"). La madre, alarmada, lleva a la niña a un psicólogo, que le dice que su hija padece un poco de estrés causado por los estudios, y que quizá por eso puede levitar y mover objetos con la mente. La madre, poco convencida con el diagnóstico, decide solicitar ayuda espiritual y llama a un exorcista que le había recomendado su vecina del 3º A. El Padre Manolas, un sacerdote de ascendencia griega que atraviesa una punzante crisis de fe (su aventurada hipótesis según la cual la Santísima Trinidad estaba en realidad formada por El Padre, El Hijo y Una Prima Segunda de Milwaukee causó una gran controversia en el seminario) ve en este desafío una oportunidad para reconciliarse con la Iglesia Católica, e intenta por todos los medios que su nueva cliente no descubra que hasta ese momento sólo había practicado exorcismos sobre animales domésticos. En su primera confrontación con el engendro del averno que posee a la niña (y que se identifica como belcebú26), éste le despliega una abanico de obscenidades que harían sudar tinta al más estoico de los hombres, como comerse treinta y seis huevos duros seguidos. Cuando Manolas está rezando el Padrenuestro, Roberta le vomita en la sotana el guacamole que le había preparado su madre la noche anterior. Aunque al principio se siente asqueado, le parece una menudencia comparada con salir disparado por ventana a una altura de cuatro pisos arrastrado por una fuerza invisible. Como toda persona que muere dejando algún asunto pendiente en el mundo de los vivos, el espíritu del Padre Manolas queda atrapado en el plano físico, así que la madre de Roberta va a buscarlo al bar. Después de una crispada conversación ("Lo que pasa es que no tiene huevos", "Eso usted no me lo dice en la calle", etc.), la abnegada mujer convence al sacerdote de que vuelva a la casa y solucione el embolado. Dado su actual estado ectoplásmico, al Padre Manolas no le cuesta nada colarse en el cuerpo de Roberta haciéndose el despistado. El sacerdote busca al demonio por todos los rincones del alma de Roberta. Afortunadamente, cuando lo encuentra éste está de espaldas limándose las pezuñas, así que el Padre aprovecha para meterle una manta de palos que para él se queda.

5. Campamento Muerte (Sam Cunnilingham, 1980)
Un grupo de jóvenes va de excursión al Campamento Muerte, llamado así porque todo el que pasa por allí, muere. Esta película no tiene mucho más que contar; primero mueren los que gastan bromas pesadas y los que follan, y después todos los demás. Al final, después de una larga noche de sangre y horror, mueren hasta los que sobreviven. El éxito del filme fue tan grande que generó un montón de secuelas; en la quinta parte los propietarios del campamento, en un intento por acabar con el tema de las matanzas, deciden cambiar el nombre por el de Parque Natural Muerte, pero en la décima entrega se dan cuenta de que el problema de los cadáveres no se ha solucionado del todo y venden los terrenos, momento en el que la saga pasa a denominarse Complejo Residencial Muerte, llamado así porque todo el que se muda allí…
Su director realizó posteriormente otras pequeñas joyas del cine de horror ochentero, como Mira que te tengo dicho que no bajes al sótano (1982) y la claustrofóbica Masacre en el Armario de las Escobas (1985).

6. El Susto (Himeneo Tikitaka, 1999)
Una periodista de Tokio recibe en su domicilio una cinta de vídeo cuyo visionado te causa la muerte después de una semana, pero el idiota que la grabó se equivocó al programar el vídeo y la protagonista tiene que tragarse una hora de teletienda antes de llegar al trozo maldito en cuestión. Después sale una menda con los pelos tapándole la cara que no mata a nadie porque se pega contra todas las farolas. Yo es que estas películas japonesas no las entiendo.
Al año siguiente se realizó un remake americano (El Sobresalto), donde el segmento de la teletienda está protagonizado por Chuck Norris.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Ruiz propone un tema

¡Atención, niños! El tío Michael aconseja: "Drógate con moderación. Es tu responsabilidad".


Estimados espantajos:
Seré sincero con vosotros: a mí Halloween siempre me la ha traído al pairo (abucheos y expresiones de decepción generalizados. Alguien entre el público asistente hace algo de provecho y se saca un moco). Yo soy del día de Todos los Santos de toda la vida de Dios, venerable celebración que aprovechamos para recordar a nuestros muertos, al contrario que el resto de los días del año, que aprovechamos para acordarnos de los muertos de los demás. ¿A qué viene ahora esa chuminada de disfrazarse? Yo nunca he ido a llevar flores a la tumba de mi tía abuela vestido de El Zorro, aunque ganas no me han faltado. ¿Y eso de pedir caramelos de puerta en puerta? ¿De repente somos pobres, o qué?
-¡Señor! ¡Eh, señor! -me interrumpió un adorable mocoso de no más de nueve años.
-¿Sí, pequeño bambino?
-Mi mamá siempre me dice que no acepte caramelos de extraños porque llevan droga.
-Tu madre es una mujer razonable, muchacho, aunque baje a la frutería hecha una piltrafa. Yo, al contrario que tú, niño mimado, padecí una infancia desgraciada, y mí santa madre me enseñó a no despreciar comida gratis. A los diez años mi aspecto era tan lamentable que los extraños me ofrecían caramelos rellenos de metadona. Así que hazle caso a tu madre, hijo. Estudia, lleva una vida sana, sé un buen ciudadano; haz que tu padre se sienta orgulloso de ti cuando salga de la cárcel. ¿Te ha quedado claro, pequeño gran hombre?
-Tengo pipí.
-Pues yo tengo pipí y caca, así que yo prime.
Mi zalamero mayordomo pareció materializarse de la nada.
-¿Milord?
-¡Joder, Jean-Claude, te tengo dicho que no seas tan sigiloso al andar, que me das unos sustos de muerte! ¿Dónde están los tacones de aguja que te compré?
-Los he llevado al zapatero, señoría. Tenían las tapillas muy gastadas.
-¿Para qué me interrumpes, lacayo? Ahora ese pequeño bastardo se meterá en la toilette antes que yo, y seguro que me deja la tapa llena de orines.
-Mis disculpas, eminencia, pero me veo en la obligación de llamar su atención sobre dos asuntos que a buen seguro serán de su interés.
-Escupe.
-El primer asunto es relativo a su indumentaria, señor.
-¿Qué le pasa a mi indumentaria, insolente?
-No he podido evitar advertir que está impartiendo su osada conferencia en calzoncillos, señor.
-Soy consciente de ello, Jean-Claude. No veas lo difícil que me resulta atraer la curiosidad de mis seguidores últimamente. ¿El segundo asunto tiene que ver con el teléfono inalámbrico que portas en tu inseparable bandeja, exasperantemente fiel criado mío?
-Indudablemente, señor. Su amigo el señor Ruiz pregunta por usted.
-¿Ruiz, el Pequeño Freak? Qué alegría me das, Jean-Claude; hacía tiempo que no sabía nada de ese mamoncete.
-Ahí se las ventile, milord -dijo mi sobrio mayordomo pasándome la terminal.
-Ruiz, muchachote, ¿qué te cuentas?
-¡Hola, señor! -saludó Ruiz al otro lado de la línea-. Eh, señor, no es por molestar, pero... eh... he oído que me ha llamado... mamoncete, señor.
-¡Pero mi querido muchacho! No hay motivo para sentirse ofendido. Mamoncete no es más que un apelativo cariñoso, como, no sé, como hijo de la gran puta, por ejemplo -expliqué.
-Disculpe, señor, pero... ah... hijo de la gran puta no me parece un apelativo excesivamente cariñoso.
-¿Cómo que no? Mi bisabuelo me lo decía constantemente. "No me robes la pensión, hijo de la gran puta", "No me abandones en esta gasolinera, hijo de la gran puta". Ah, que gran hombre, mi bisabuelo. Aún resuenan en mis oídos sus últimas palabras: "No me incineres que todavía estoy vivo, hijo de la gran puta".
-Ya. Mmm...
-¿Cuál es el motivo de esta grata sorpresa, hijo de la gran puta?
-Ah, señor, no me gustaría parecer irrespetuoso, pero preferiría que no me llamara así.
-Claro, claro, Ruiz; disculpa tú a esta vieja mula; no puedo evitar que la emoción me embargue. ¿Lo entiendes, verdad?
-Sí, sí; cómo no. Vera, señor, me, ejem, me gustaría proponerle algo. Es, bueno, una especie de favor personal.
-Claro, claro, hijo; lo que quieras. ¿De qué se trata? Espera, no me lo digas. Quieres que te acompañe a comprar condones, ¿es eso? -suspiro-. Ay, estos niños crecen sin que te des cuenta. Un día tienen la tos ferina y al siguiente, poluciones nocturnas. Porque tu ya eyaculas, ¿verdad, hijo?
-Er, claro, señor, desde hace ya unos años. ¿Pero qué edad cree que tengo?
-¿Te has echado novia?
-Ejem, no, señor. Yo... eh... digamos que todavía no he encontrado a la mujer adecuada.
-No me jodas, hombre; anda que estás tú como para exigir. Sin duda, entenderás que no a todas las mujeres les guste que les derramen cera caliente en los pezones.
-Oiga, ¿por quién me ha tomado? A mí no va ese rollo, ¿sabe?
-Mil perdones, hijo. Quién lo hubiera dicho, con la pinta de pervertido que me llevas.
-¿Pero qué dice? ¿Qué tiene de pervertida mi camiseta de Naruto?
-¿De quién?
-De Naruto.
-Por el culo te la embuto.
-¡Oiga, me tiene ya hasta las narices!
-¿A qué viene ese súbito acceso de ira, caballerete?
-¡Y le tengo dicho que no me llame "caballerete", que me parece muy paternalista!
-Noto que se te ha agriado el carácter desde la última vez que nos vimos, Ruiz. ¿Sabes? Estoy pensando hasta en paralizar los trámites de tu adopción.
-¿Qué? ¿Pero cómo piensa adoptarme? ¡Yo ya tengo padres!
-Tenías.
-¿De qué está hablando? Estoy viendo ahora mismo a mi madre tumbada en el sofá.
-Por poco tiempo. Un pajarito siciliano amigo mío me ha asegurado que a tu madre le quedan pocas croquetas por freír.
-¿Perdone?
-Nada, nada; que digo que qué se te ofrece.
-Ah, sí. Verá, señor, había pensado que, como el viernes es Halloween y tal, podría proponer a sus lectores una maratón de cine de terror, ya sabe. Yo le paso unos divx y usted los comenta. Creo que a sus admiradores les podría interesar su opinión sobre algunos clásicos señeros del género.
-Mmm, no sé; no estoy muy seguro de que el tema sea del agrado de mis seguidores. Mi target ideal no va por ahí, ¿sabes?
-...
-¿Ruiz? ¿Estás ahí?
-Sí, sí, señor.
-Menos mal; qué susto me has dado. Por un momento creí que te estabas masturbando.
-No sabía que su blog tuviera un target de público, señor.
-Claro que sí, muchacho. El perfil promedio del lector de Un beso de buenas noches de mil demonios es el de un/a joven de entre 20 y 40 años interesado por la zoofilia.
-Permítame que disienta, maestro, pero, hum, yo soy lector suyo y, bueno, no estoy para nada interesado en la zoofilia.
-¿En serio? ¿Me estás diciendo que jamás has acariciado lascivamente a un babuino?
-No, señor; qué cosas dice usted.
-Pues no sabes lo que te pierdes. ¿Películas de terror, dices? Bueno, tendré que aplazar el cautivador artículo sobre hemorroides que había preparado para el viernes…

Ya lo habéis oído, sordas. ¡El próximo viernes 31, Maratón de Halloween en Un beso de buenas noches de mil demonios! ¡AMAZING! (Asombroso) ¡HORRIFYING! (Horripilante) ¡BOLLOCKING! (Acojonante) ¡PA’ CAGARSE LA PATA ABAJO, CANIJO! (To shit the leg down, you thin man).

lunes, 27 de octubre de 2008

El post que nunca estuvo aquí


"Hermano, ¿me das algo para una Duff?"
¡Hey, troncos!
Soy el culo de un tío que está haciendo un calvo (ver foto inferior), y estoy aquí para tirarme un cuesco y para comunicaros que el autor de esta sacrosanta bitácora vuelve esta semana con todos vosotros y trae un porrón de novedades, entre las que nos gustaría destacar dos: ¡Posts nuevos y posts que el autor no había publicado antes! Por si fuera poco, el autor también os tiene preparados posts que no habíais leído con anterioridad, y, además, posts que no están repetidos. Posts desconocidos para vosotros y posts que nunca os han presentado. Posts originales y posts recién hechos. Posts que jamás han visto la luz y posts que tampoco. Y de propina, una sorpresa muy especial: ¡Posts diferentes a los otros posts! ¡Estamos que lo tiramos, señora!


Al autor le hacen un taco de gracia los culos que hablan

miércoles, 22 de octubre de 2008

Unas palabras de mi portero

¡Eje, pollos!
Soy el portero del vecino que escribe en el internés este, y ma mandao decir que no sa muerto ni ná, que va. Esques tá más liao cun trompo el hombre, escribiendo unos guijones pa no se qué, pero dentro de ná estará otra vez aquí para contaros más chistes guarros, de esos de "¿Ande está la señora?", "Pos creo que en el servicio, porque se iba peyendo por el pasillo". Asín que no irse, ¿en?

No es un afoto del autor; que más le gustaría a ése que ser un pato disfrazao.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Diarreas mentales y de las otras

Sí, ya sé que la foto es repetida; pero es que me parece un cagadero de lo más elegante, oyes.

Estimadas señoritas:
Cómo ya sabéis los que seguís mis alegres peripecias, la semana pasada estuve con cagalera (también denominada "diarrea" en círculos académicos y fiestas de postín), así que tuve mucho tiempo para pensar entre chicate y chicate, e inexplicablemente, por uno de esos mecanismos de asociación de ideas que nunca llegaré a comprender del todo, hice una nota mental que decía así:

(Nota mental: Comprar un cuaderno para anotar las notas mentales, que después se me olvida todo).

Y después ésta otra:

(Segunda nota mental: Estoooo… ¿en qué estaba yo pensando?)

[Es nuestro deber aclarar que el autor también olvidó la primera nota mental, así que bajó al chino pero no recordó que tenía que comprar el cuaderno. Eso sí, se trajo una espumadera, así que no se puede decir que el viaje fuera en balde].

El caso es que cuando se me olvida una buena idea siempre exclamo “¡Mierda!” (antes exclamaba “¡Voto a bríos!”, pero abandoné la costumbre cuando mi catequista empezó a mirarme raro), así que volví a repetir la asociación de ideas: “Mierda-Diarrea”, y me encerré en la toilette para un segundo asalto. Esta vez me llevé algo para leer; se trataba del Diccionario de la Lengua Española. Empecé a leerlo con fruición, aunque he de decir que por el título esperaba que el contenido fuera un poco más picante. Y heme en tamaña tesitura cuando encontré la definición de la palabra “Diarrea”:

2. f. Dispersión de grupos humanos que abandonan su lugar de origen.

Como os podéis imaginar, mi sorpresa fue mayúscula, y mi determinación inapelable; hice firme propósito de tratar a la mierda con más respeto, ahora que sabía que era un ser humano como tú y como yo.
Mayor fue aún mi sorpresa cuando descubrí que la palabra cuyo significado estaba mirando era “diáspora” y que “diarrea” se encontraba un poco más arriba.

1. f. Síntoma o fenómeno morboso que consiste en evacuaciones de vientre líquidas y frecuentes.

“Uy, sí, un morbo que te cagas”, pensé en voz alta (reflexión que provocó que mis padres se plantearan seriamente echar la puerta abajo, alarmados por la posibilidad de hallarme intoxicado por los efluvios de mi propio detritus).
Entonces me planteé, ¿de dónde viene la expresión “Que te cagas”? ¿Por qué la utilizamos cuando nos referimos a algo con intensidad superlativa? ¿Por qué decimos “Tengo un sueño que te cagas” y no “Tengo unas ganas de cagar que te duermes”? ¿O “Tengo un hambre que te cagas” y no “Tengo unas ganas de cagar que comes”?
Para ilustrar lo que digo, una foto de un mojón seco:

Nota: La administración de Un beso de buenas noches de mil demonios advierte que el autor perdió el interés por las pajas mentales por cuanto no implicaban necesariamente acariciarse el prepucio.

sábado, 20 de septiembre de 2008

¡¡El mundo peligra que no veas!!


INT. SALA DE JUNTAS DEL SERVICIO SECRETO. DÍA.
Una luz azulada alumbra escasamente una sala de unos doscientos metros cuadrados y casi totalmente desprovista de muebles. En el centro de la habitación vemos una larga mesa, alrededor de la cual se encuentran cinco hombres sentados e impecablemente trajeados. La tensión se puede cortar con un cuchillo y, acto seguido, introducirse entre dos rebanadas de pan cateto (pido disculpas por la soplapollez que acabo de decir).
JEFAZO: Señores, no tenemos tiempo que perder. He convocado esta reunión de emergencia porque la situación no puede ser más grave.
AGENTE1: ¡CHAN-CHAN!
JEFAZO: Kowalski, es usted imbécil, pero tiene razón. Estamos ante una auténtica situación "¡CHAN-CHAN!"
AGENTE2: ¿Tan grave es el asunto, jefe?
JEFAZO: ¿Está usted sordo, Callahan? ¿Qué parte de " Estamos ante una auténtica situación "¡CHAN-CHAN!" no ha entendido?
AGENTE2: La parte del estafilococo.
JEFAZO: ¿Qué estafilococo?
AGENTE2: Usted ha dicho, “Estamos ante una auténtica situación ¡CHAN-CHAN! y el estafilococo aureus...", no sé qué.
JEFAZO: No he dicho nada sobre el estafilococo aureus. (Al resto de los asistentes) ¿He dicho algo sobre el estafilococo aureus? (Los agentes se encogen de hombros o miran hacia otro lado distraídamente).
AGENTE2: Bueno, a mí me parecía que había mencionado algo al respecto.
JEFAZO: Callahan, no he dicho una mierda acerca del estafilococo aureus. En estos momentos, el estafilococo aureus me importa tres cojones. Estamos en estado de emergencia. La Seguridad Internacional está en juego.
AGENTE2: Joder, la cosa parece grave.
JEFAZO: La cosa ES grave, Callahan. Lo he dicho al principio. "La situación no puede ser más grave", he dicho.
AGENTE2 (da un silbido): Muy pero que muy grave, ¿eh?
JEFAZO: Sí, Callahan. Una gravedad de la hostia.
AGENTE2: ¿Respecto a qué?
JEFAZO: ¿Perdón?
AGENTE2: La situación no puede ser más grave, ¿que qué?
JEFAZO (suspira pesadamente): Que ninguna otra cosa en el puto mundo, Callahan.
AGENTE2: Coño, pues sí que es grave. ¿Lo sabe el Presidente?
JEFAZO: Le he telefoneado antes que a ustedes, agentes.
AGENTE2: ¿Y qué ha dicho?
JEFAZO: No estaba en casa. Había ido a recoger una mesita de noche que había encargado o no se qué coño. Le he dado el recado a la Primera Dama. Me ha dicho que el Presidente me llamaría luego, si eso.
AGENTE3: ¿A qué tipo de amenaza nos enfrentamos, jefe? ¿Octavius Starkweather ha vuelto a lanzar un ultimátum, quizá?
JEFAZO: No, Devereaux. Es algo mucho peor que Starkweather.
AGENTE2 (haciendo memoria): ¿Quién me dijo a mí hace poco que había visto a Starkweather en una ferretería?
JEFAZO: ¿Qué?
AGENTE2: Alguien me dijo, “Adivina a quién he visto comprando unos alicates”…
JEFAZO: ¿Un conocido suyo vio al Enemigo Público Número Uno, al Hombre Más Perseguido del Mundo comprando unos alicates?
AGENTE2: Un conocido o un familiar, no me acuerdo. (Para sí) Sí, hombre, ¿quién fue? Mmm… ¿No fue mi cuñado?
JEFAZO: ¿Pero qué me está contando, Callahan? 0’05 –nuestro espía más discreto, aquí presente- estuvo dos años persiguiendo a Starkweather por todo el planeta hasta que le perdió la pista en Tierra del Fuego… ¿y me está diciendo que su cuñado se cruzó con él en una puta ferretería?
AGENTE2 (evocador): Tierra del Fuego… Joder, qué nombre tan guay para un sitio.
JEFAZO: Vamos a ver, Callahan. Starkweather es el tipo que nos dejó en ridículo colándose en el avión del Presidente para mearse fuera del inodoro.
CEROCOMACEROCINCO (echándose al coleto un Martini con vodka): A veces pienso que no debimos provocarle publicando esas fotos de su madre en pelotas.
AGENTE1: Cerocomacerocinco, por el culo te la hinco.
CEROCOMACEROCINCO: Eres un cretino, Kowalski. ¡Kowalski, Kowalski…! Joder, mira que hay pocas palabras que rimen con “Kowalski”.
JEFAZO (carraspea): Señores, les agradecería que volviéramos al asunto que estamos tratando.
AGENTE3: Si no se trata de Octavius Starkweather… ¿Cornelius Pendragon, quizá?
CEROCOMACEROCINCO: Ah, Pendragon… Recuerdo bien a ese maníaco. Su único objetivo era destruir el mundo entero.
AGENTE3: ¿Llegó a destruir algo, quizá?
CEROCOMACEROCINCO: Un puesto de sushi ambulante. Se puede decir que su descabellado plan resultó un fracaso.
AGENTE1: Eh, ¿os acordáis del siniestro Doctor Micipote? Ése que al final no era doctor ni nada…
JEFAZO: Cierre el pico de una puñetera vez, Kowalski. ¿Se ha fumado un joint antes de entrar, o qué le pasa?
AGENTE2: ¿Y de Honorato Céspedes? ¿Os acordáis de él?
JEFAZO: ¿Quién cojones es Honorato Céspedes?
AGENTE2: Uno que hacía arreglos florales.
JEFAZO: ¿Y qué coño tiene que ver un menda que se dedicaba a los arreglos florales con nada de lo que estamos hablando, Callahan?
AGENTE2: Le dio por hacer el mal una temporada. No es que la floristería le dejara mucho tiempo para ello, claro está. Cerraba la tienda a las una y media, almorzaba y después de la siesta hacía el mal hasta las cinco, hora en que volvía a abrir la tienda. Cerraba a las ocho y media y hacía el mal un rato, paraba en cualquier sitio para picar algo, y seguía haciendo el mal hasta las once. Eso de lunes a sábado. Los domingos se iba con la mujer y los niños a tomarse una paella al campo y, si tenía un rato, hacía alguna putadilla. Se autodenominaba “Gran Villano Internacional y Maestro del Crimen”. ¿Cómo puede nadie aspirar a convertirse en un genio del mal llamándose Honorato Céspedes? Si sus padres le hubieran puesto, no sé, Lucius Moonshine o algún otro nombre magnífico como ése, otro gallo le habría cantado. Nadie le tomó nunca en serio, claro. ¡Ja! Menudo pringado. Los niños le tiraban piedras por la calle.
JEFAZO: Corríjanme si me equivoco, agentes, pero me parece que ninguno de ustedes está demasiado interesado en oír lo que tengo que contarles.
CEROCOMACEROCINCO: No se corte, jefe.
JEFAZO: La terrible amenaza a la que nos enfrentamos no puede ser filtrada a la prensa, porque cundiría el pánico en todo el mundo y… (alguien pega a la puerta) ¡Me voy a cagar…! ¡¿Quién es?!
(La puerta se abre y aparece el REPONEDOR, un trasunto de Ron Jeremy vestido con un mono)
REPONEDOR: ¿Se puede?
JEFAZO: ¿Qué cojones se le ofrece, caballero?
REPONEDOR: Soy el de la máquina de café. Alguien me ha llamado porque al parecer se ha agotado el chocolate.
AGENTE2: Sí, he sido yo. (Justificándose delante del resto) A mí es que el capuchino me gusta con chocolate. (Se vuelve hacia el Reponedor) Además, desde hace unos días la máquina no devuelve cambio.
AGENTE1: Anda que te no da coraje cuando pone eso de “Introduzca importe exacto”.
AGENTE2: Ya te digo, canijo.
JEFAZO (al Reponedor): ¿Va a tardar mucho?
REPONEDOR (abriendo la máquina de café que está junto a la puerta): Será sólo un minuto. ¿Vengo en mal momento?
JEFAZO (con una sonrisa más falsa que Judas –el apóstol, no la cerveza-): No, que va.
AGENTE2: ¿Qué nos decía sobre ese peligro que amenaza a la Humanidad, jefe?
JEFAZO: ¡Shhhhh! (señala con la mirada al Reponedor).
REPONEDOR (percatándose del tema): Ustedes como si yo no estuviera, oigan, que a mí los Secretos de Estado me la traen floja. Por un oído me entran y por otro me salen.
JEFAZO: Oh, si no estábamos hablando de Secretos de Estado, jaja. Estábamos hablando de… (mira al Agente3) Devereaux, ¿qué nos estaba contando sobre…?
AGENTE3: Eh… ¿Tetas y culos, quizá?
JEFAZO (apretando los dientes y lanzando una mirada asesina al Agente3): Sí, eso es. Hablábamos sobre… tetas y culos. Y… ¿qué es lo último en materia de tetas y culos, Devereaux?
(Suena el teléfono)
JEFAZO (cogiendo el auricular): Servicio Secreto, dígame… (cayendo en lo que acaba de decir) ¡Mierda!
PRESIDENTE (off): ¿Me ha llamado, Arbogast?
JEFAZO: Hace rato, señor Presidente.
PRESIDENTE (off): ¿Qué es eso tan urgente que tenía que decirme?
JEFAZO: Verá, señor Presidente… (tapando el auricular con la mano y dirigiéndose al Reponedor) Oiga, ¿le queda mucho?
REPONEDOR: Veo que se les ha agotado el descafeinado.
JEFAZO: No importa, aquí no tomamos descafeinado. Somos tipos realmente duros, ¿sabe?
PRESIDENTE (off): ¿Arbogast?
JEFAZO (poniéndose al aparato): Sí, señor Presidente. Verá... (carraspea) En estos momentos no puedo hablar.
PRESIDENTE (off): Escuche, Arbogast, acabo de comprar la mesita de noche más horrorosa de la historia de las mesitas de noche porque a mi mujer se le ha plantado en el higo, así que no estoy para que me toque las pelotas. Le doy tres segundos para que me cuente lo que pasa.
JEFAZO: No, no cuelgue, señor Presidente. Nos encontramos ante un asunto muy serio.
REPONEDOR (cantando): Y ese toro enamorado de la luna…
PRESIDENTE (off): ¿Quién cojones está cantando, Arbogast?
JEFAZO: Nadie, señor, yo… (tapa el auricular) Oiga, ¿le importaría dejar de cantar? Estoy hablando con el Presidente del país.
PRESIDENTE (off): ¿Arbogast?
JEFAZO (al aparato): Sí, señor, verá, la información que tengo que darle es de suma importancia, pero ahora mismo no estoy en condiciones de transmitírsela, así qué… no sé… ¿Me tiene agregado al Messenger, señor Presidente?
PRESIDENTE (off): Arbogast, yo también tengo una información de suma importancia que darle. Le informo de que se me están empezando a inflar los huevos.
JEFAZO: Por favor, señor, no cuelgue. En seguida se lo cuento.
PRESIDENTE (off): No me gusta hacer esperar al tipo que prueba mi comida, Arbogast. ¿Por qué no se atreve a decir lo que pasa? ¿De qué se trata? ¿Quiere hacerme alguna confesión íntima? Ya sé lo que es. La última vez que nos vimos me puso ojitos. ¿Es eso, Arbogast? ¿Le pongo?
JEFAZO: Qué cosas tiene, señor. No puedo decirle lo que pasa porque (haciendo pantalla con la mano) hay un civil delante, señor.
PRESIDENTE (off): Páseme con él.
JEFAZO: ¿Señor?
PRESIDENTE (off): Dígale que se ponga al aparato, Arbogast, a ver si sacamos algo en claro de todo esto.
JEFAZO: Sí, señor. (Suspira). Póngase al teléfono, que el Presidente quiere hablar con usted.
(El Reponedor, que no parece sorprendido en absoluto, se dirige al teléfono mientras se limpia las manos en el mono).
REPONEDOR (al aparato): ¿Quién es?
PRESIDENTE (off): Oiga, civil, ¿por qué no se larga de la habitación inmediatamente?
REPONEDOR: ¿Pero quién coño se ha creído que es? ¡Usted no manda en mí!
PRESIDENTE (off): Soy el puto Presidente de la puta Nación, eso es lo que soy.
REPONEDOR (poco impresionado): ¿Ah, sí? Pues siga rascándose las pelotas y deje a los demás que hagan su trabajo, que alguien tendrá que levantar el país.
PRESIDENTE (off): Oiga, ruina. El Jefe del Servicio Secreto tiene que comunicarme una información de suma importancia y no puede hacerlo mientras usted está delante.
REPONEDOR: Ah, sí. Creo que era algo acerca de tetas y culos…
PRESIDENTE (off): ¿Qué?
(El Jefazo le quita el auricular de las manos al Reponedor).
JEFAZO: Señor Presidente…
PRESIDENTE (off): Arbogast, ¿me ha llamado al Teléfono Rojo para hablarme sobre tetas y culos?
JEFAZO (echando con un movimiento de muñeca al Reponedor, que encoge los hombros y se va): No, que va, señor Presidente. No sé de dónde habrá sacado esa idea (asesina con la mirada al Agente3, que silba distraídamente).
PRESIDENTE (off): ¿Se ha largado ya?
(El Reponedor se acerca al Jefazo con un parte de trabajo en la mano).
REPONEDOR: Ya he terminado, jefe. ¿Me pone un sello?
JEFAZO (buscando en un cajón): Mierda. ¿Alguien ha visto el sello? (Los agentes niegan con la cabeza). ¿No? Ése sello que pone “Servicio Secreto”.
PRESIDENTE (off): Voy a colgar, Arbogast.
JEFAZO: ¡No! Señor Presidente, espere un segundito.
REPONEDOR: Yo sin el sello no me voy. Normas de la empresa.
JEFAZO (a los agentes): ¡Levanten el culo y ayúdenme a buscar ese jodido sello! (Al teléfono) Sólo un segundo, señor, se lo prometo (suelta el auricular sobre la mesa).
PRESIDENTE (off): ¡Me voy a cagar en todo, Arbogast!
(El Jefazo y los agentes buscan el sello por toda la sala; en cajones, debajo de la mesa…)
REPONEDOR: Oigan, que no tengo todo el día…

En el próximo episodio: Honorato Céspedes, Gran Villano Internacional y Maestro del Crimen, entra en un parque y pisa el césped… ¡a pesar de que hay un cartel que pone “No pisar el césped”! ¡CHAN-CHAN!