¡¡¡He vuelto!!
-Eh, pues nada, que ya estoy aquí. Piruriiiiii….
-¡Hala! ¿Y esa trompeta de plástico? –dijo uno de mis discípulos más impresionables.
-¿Te gusta? La he encontrado en el suelo, encima de un boñigo.
-Ya empezamos con la escatología… -comentó uno de mis críticos más recalcitrantes.
-Muchachos, muchachos, que alegría me da veros.
-Creo que hablo en nombre de todos cuando digo que el sentimiento es mutuo –dijo uno que siempre cree que habla en nombre de todos.
-¿A qué hora empieza a hablar del tema, oiga? –dijo un pollo asado que se encontraba entre los asistentes.
-¿Qué tema, eh, caballero?
-¿Usted no estaba esta mañana en la parroquia repartiendo panfletos sobre su conferencia?
-¿Esta mañana? Siento comunicarle que probablemente se ha equivocado de persona.
-Sí, hombre, ¿no se acuerda? Apestaba a alcohol de garrafa. Si hasta le he dado una limosna y todo.
-Le repito que usted se confunde. Hoy no me he despertado hasta la una de la tarde, después de un sueño reparador sobre un charco de mi propio vómito en medio de una carretera comarcal. Y, para demostrarlo, puedo traer como testigo al amable agente de la Menetérica que ha accedido a pasar por alto una amonestación más que merecida merced a la calderilla que misteriosamente había llegado a mis bolsillos.
-¿Entonces no va a hablar sobre “Nuevos tratamientos capilares”? –un atisbo de decepción se asomaba a sus ojos de pollo.
-¿Le puedo hacer una pregunta?
-Si no es demasiado personal…
-No he podido evitar fijarme en que… bueno, en que es usted un pollo asado.
-Un Pollo Asado Inmortal, para ser fieles a la verdad.
-¡Qué extraordinario!
-Tampoco es para tanto.
-¿Sabe? Siempre he querido preguntarle una cosa…
-¡Pero si me acaba de conocer!
-¿Por qué cruzó usted la carretera?
- ¡Y dale molino! ¡Que ése no fui yo! ¿Pero de dónde sacan ustedes la idea de que los pollos cruzamos la carretera?
-¿Se trata de algún tipo de leyenda urbana, acaso?
-Oiga, amigo, he conocido a muchos pollos a lo largo de mi vida, no por nada soy pollo, y además inmortal, y le puedo asegurar que no sé de uno sólo que haya cruzado jamás la carretera. Es un tópico. “Lo catalanes, agarrados, los andaluces, vagos, y los pollos, cruzan la carretera”. Hay que joderse.
-¿Me está diciendo que nunca ha sentido curiosidad por saber qué hay al Otro Lado?
-Yo paso. Seguro que el Otro Lado es una cochambre.
-No, que va, no está tan mal el Otro Lado. Hace buena temperatura y te ponen unas patatas con mojo picón que te cagas.
-¿De esas de gajo?
-Naturalmente.
-No me tiente, Yago, más que Yago –creo que, por mucho que viva, jamás llegaré a entender del todo a los Pollos Asados Inmortales-. Cruzar la carretera va en contra de nuestro credo. Lo prohíbe El Sexto Mandamiento de la Sagrada Ley del Excelentísimo Pollo Primigenio, “No Cruzarás la Carretera”.
-Mandamiento que todos ustedes siguen a rajatabla.
-Sí, bueno, todos menos esos herejes de la Iglesia Reformista de los Pollos Fritos Inmortales de Kentucky, que se pasan el Sexto Mandamiento por los testículos. ¡Cabrones! Deberían sexarlos a todos.
-Discúlpeme si me pongo pesado, caballero, pero su caso me inspira una acuciante curiosidad. ¿De verdad es usted inmortal?
-Bueno, no sabría decirle exactamente el grado de inmortalidad que ostentamos los Pollos Asados Inmortales, pero se podría decir que somos Bastante Inmortales. Un Pollo Asado Inmortal sólo puede morir cuando se le corta la cabeza.
-Pues vaya cosa. A los Pollos de Corral Normales les ocurre lo mismo.
-Pues que se jodan, que se ponen muy chulitos con eso de que son el Pueblo Elegido. Anda que no les queda nada por pasar…
-Y, si me apura, arrancar la cabeza es un método bastante eficaz de acabar con la vida de cualquier hijo de vecino.
-Ya le digo –dijo uno que estaba allí pero lo mismo podía no haber estado y no pasa nada.
-Gracias por su inestimable aportación a este debate, caballero –dije desde mi mal disimulada repugnancia.
-Disculpe que me entrometa, oh, Maestro, pero no he podido evitar sentirme identificado con sus palabras. Verá, yo soy Cualquier Hijo de Vecino.
-¿Usted es Cualquier Hijo de Vecino?
-Bueno, mi padre es vecino de mucha gente. Por lo menos de cuarenta o cincuenta personas, con eso se lo digo todo.
-Así que puede hablar con propiedad.
-Sin duda.
-Tengo entendido que ustedes, los Cualquier Hijo de Vecino, tienen una vida muy perra.
-Hombre, imagínese. Todo el mundo conoce eso de “eso le pasa a cualquier hijo de vecino”. Pues sí que nos pasa, sí. Nos pasa de todo. ¿A usted le han puesto alguna vez una multa por aparcar en zona azul? A nosotros también.
-Ajá. Hum.
-Sí, no es que sea una vida particularmente trepidante.
-Menos que un concierto de Kraftwerk, si me permite la observación.
-Jaja, sí.
-Y…
-¿Sí?
-¿Algo más que añadir?
-Eeeh… no. Bueno, sí. Creo que he vuelto a perder el bonobús.
-Qué putada.
-¡Oiga! –pregonó mi Crítico Más Recalcitrante-. Permítame decirle que esta conferencia es, con diferencia, la peor de las que ha dado.
-No me pitufe, que le meto una pitufa que le pongo los pitufos de corbata.
-¡A mí eso no me lo pitufa en la calle! ¡Mierda, ya he vuelto a caer en el viejo truco de hablar en Pitufo!
-Oiga, esto es un despropósito –dijo el P. A. I. (Pollo Asado Inmortal).
-No me diga. Pues bienvenido a la familia de Un beso de buenas noches de mil demonios. A ver, ¿quién quiere que le refreguemos un níspero por la cara?
Nuestro nuevo contertulio. "Si les interesa saber mi opinión..."






