Un blog de sangreybesos, el Mayor Experto Mundial en Nada en Particular
miércoles, 21 de enero de 2009
El blog de los posts de aviso o Esto es un sindiós
1) Que el mencionado sujeto está de mudanza,
2) que se está preparando unas inminentes oposiciones,
3) que cuando acabe todo se va a agarrar una borrachera de esas que los abuelos cuentan a sus nietos,
4) y que cuando se le pase la resaca volverá con todos vosotros para haceros la vida más llevadera.
Nos vemos en febrero.
Un abrazo,
El Menda que Solía Pasarse por Aquí de Vez en Cuando a Cantaros unas Coplillas.
miércoles, 3 de diciembre de 2008
¡¡Honorato Céspedes solicita un préstamo!!
BANCO JONUDO. SUCURSAL Nº 23. HACIENDO ESQUINA CON LA AVENIDA OPEL CORSA Y EL MERCADO DE SANTA FITIPALDA. DESPACHO DEL INTERVENTOR, AL LADO DEL CUARTO DE LAS ESCOBAS. INT. DÍA. FRÍO QUE TE CAGAS.
El INTERVENTOR, que suena parecido a Inventor pero que no tiene nada que ver, y si no que baje Dios y lo vea, desarrolla afanosamente su tarea habitual, que no tengo ni puta idea de en qué consiste. Intervenir cosas relacionadas con los bancos, supongo. Por la puerta entra ¡HONORATO CÉSPEDES, autodenominado Gran Villano Internacional y Maestro del Crimen, aunque realmente se dedique a la venta de plantas y a los arreglos florales. Cierra exclamación! Ya está.
INTERVENTOR (levantando la vista de… em… su tarea habitual. Sí, eso.): ¡Hombre, señor Céspedes! ¡Deshojo los chochos! Eh… ¡De chochos los ojos! No… ¡Los chochos de a ocho!
CÉSPEDES: ¡Pero, oiga! ¿Qué le pasa a usted hoy con los chochos?
INTERVENTOR: ¡Dichosos los ojos!
CÉSPEDES (sentándose en una silla fea pero funcional): Ah, bueno.
INTERVENTOR: Dichosos los ojos que ven ese chocho. ¡Ja!
CÉSPEDES: Mire…
INTERVENTOR: Qué frío hace hoy, ¿eh?
CÉSPEDES: Ya le digo. Han bajado las temperaturas una barbaridad.
INTERVENTOR: Ciertamente, ciertamente. Esta mañana no me encontraba ni la picha, del frío que hacía. Fíjese, fíjese, fíjese.
CÉSPEDES: Me hago cargo. Bueno, ahora que hemos roto el hielo…
INTERVENTOR: ¡No me lo diga! Ha venido a solicitar un préstamo.
CÉSPEDES: ¡Sí! ¡Eh, menudo máquina! ¿Cómo lo ha sabido?
INTERVENTOR: Porque me lo dijo usted ayer. Nos encontramos en la frutería. Usted llevaba un manojo de berros en la mano. ¿Está tonto o qué le pasa?
CÉSPEDES: ¿Me lo da, o qué?
INTERVENTOR: ¡Eje! ¡Pare el carro, campeón! Usted sabe que estas cosas no van así. Debo hacerle unas preguntas antes de entrar en materia. Yo es que soy más bien clasicote, ¿sabe usted?
CÉSPEDES: Ah, ya. Conocernos antes y tal. Vale.
INTERVENTOR: Vamos a ver. ¿Ha visitado Munich alguna vez?
CÉSPEDES: ¿Esa información es relevante para que le concedan a uno un préstamo?
INTERVENTOR: No, pero sentía curiosidad. Segunda pregunta: ¿Para qué quiere usted la pasta? Porque es un montón de pasta, así que más le vale que sea para algo realmente importante, como, no sé, como construir una reproducción a tamaño real de la Giralda con palillos de dientes, o comprar unas alpargatas de platino y diamantes, o pagar la comunión de su chiquillo, por ejemplo.
CÉSPEDES: ¿No le parece demasiado dinero para una comunión, oiga?
INTERVENTOR: Todo es poco para su chiquillo. Su hijo se merece eso y más.
CÉSPEDES: ¿Y eso?
INTERVENTOR: ¿Su hijo no es el príncipe heredero de Escocia?
CÉSPEDES: ¿Eh? No, no. Vamos, creo que no. Mmm… Ahora ya me ha puesto usted en duda. Como ese mocoso nunca me cuenta nada…
INTERVENTOR: ¿Piensa alargarse el pene?
CÉSPEDES: No, no, desde luego que no. ¿Tan caro vale un alargamiento de pene?
INTERVENTOR: Lo dudo, pero me pareció un buen momento para sacar el tema a colación. ¿Para qué quiere la pasta?
CÉSPEDES: Bueno, ejem, es que tengo un proyecto empresarial en mente…
INTERVENTOR: Ya veo lo que quiere decir. Piensa ampliar la floristería. Comprar el local de al lado y echar el tabique abajo. O echar el tabique abajo sin comprar el local de al lado. Total, si es un local de ensayo. ¡Putos melenudos! Anda y que se jodan.
CÉSPEDES: No tiene nada que ver con la floristería. Vera, ejem, usted me conoce desde hace años, y ya sabe que llevo un tiempo considerando destruir el mundo…
INTERVENTOR: Ah, no, ni hablar. Ni un duro para destruir el mundo. Ya nos jodió una vez, ¿recuerda? Le dimos un montón de pasta para construir un órgano gigante con el que contactar con alienígenas beligerantes. ¿Y qué pasó? ¿Vinieron? A mí me parece que no. Yo al mundo lo veo como muy enterito, ¿usted no? Además, ¿cómo pretende contactar con extraterrestres tocando “¿Dónde vas, Alfonso XII?”?
CÉSPEDES: Hombre, como esa canción la conoce todo Cristo…
INTERVENTOR: Lo dicho; ni un puto duro.
CÉSPEDES: No se precipite. Esta vez tengo un plan infalible.
INTERVENTOR: No me venga con esas. Si quiere destruir el mundo, rásquese el bolsillo.
CÉSPEDES: ¿Cree que si yo pudiera afrontar el gasto no lo habría hecho ya? Entre la hipoteca, la letra del coche y las clases de karate de los niños se me hace un poco difícil llegar a final de mes, no digamos ahorrar para una bomba atómica.
INTERVENTOR: Poco iba a hacer con una sola bomba atómica, de todos modos.
CÉSPEDES: Por algo se empieza.
INTERVENTOR: ¿Por dónde empezaría usted?
CÉSPEDES: Tenía pensado empezar por Islandia.
INTERVENTOR: ¿Por qué Islandia? ¿Algún tipo de venganza personal?
CÉSPEDES: Porque me da mucha rabia. ¿A usted no le da rabia Islandia?
INTERVENTOR: A mí Islandia me la trae al fresco. Lo que no soporto es el Mar Báltico. Me pone de los nervios. Cada vez que alguien lo mienta me pongo enfermo. Se creerá muy guay, el puto Mar Báltico.
CÉSPEDES: ¿Me da la pasta ya, o…?
INTERVENTOR: Los cojones.
CÉSPEDES: ¿Sabe? Cuando domine el mundo se arrepentirá de esto.
INTERVENTOR (chulito): ¿Ah, sí?
CÉSPEDES: Sí. Le voy a hacer una putada muy gorda. Le voy a… a rayar el coche. Eso es. Cuando domine el mundo, le voy a rayar el coche. Y le voy a meter notas obscenas en el buzón. ¡Se va a cagar, cuando domine el mundo!
INTERVENTOR: ¿No pensaba destruirlo?
CÉSPEDES: Depende del día. Los grandes villanos también somos seres humanos, con nuestros altibajos y todo. Un día quieres destruir el mundo, otro dominarlo. Hace un rato quería destruirlo. Después dominarlo. Ahora, otra vez destruirlo.
INTERVENTOR: Oiga, ¿y ha pensado qué va a hacer después de destruirlo? ¿Dónde va a vivir?
CÉSPEDES: Joder, pues anda que no hay sitios. No sé… ¿En Connecticut?
INTERVENTOR: ¿No piensa destruir Connecticut?
CÉSPEDES: Hostia, es verdad. Eh… bueno, pues lo destruyo todo menos un cacho. Una parcelita así, no muy grande. Yo me conformo con poco.
INTERVENTOR: ¿Y cómo piensa subsistir? Quiero decir, ¿qué va a comer?
CÉSPEDES: Pues yo que sé. Ya me haré una pizza o algo…
En el próximo episodio, Honorato Céspedes decide pasar la tarde haciendo el mal un rato… ¡pero su mujer sale a comprar y tiene que quedarse con los niños! ¡CHAN-CHAN! Además, la verdadera historia de Mussolini Céspedes, príncipe heredero de Escocia.
miércoles, 5 de noviembre de 2008
La Iglesia frente a la problemática del pensamiento autónomo

Ortega y Gasset garabatea algo en una hoja de papel. Levanta la vista y mira a cámara.
ORTEGA Y GASSET: Siempre que enseñes, enseña a la vez a dudar de lo que enseñas.
2. CALLE CÉNTRICA. EXT. DÍA.
Un sacerdote habla a cámara con un micrófono delante.
SACERDOTE: Sí, hombre; y un cipote.
sábado, 1 de noviembre de 2008
¡Que viene el canco!
Estimados amigos de los callejones oscuros:
-Buenas noches y bienvenidos a la Maratón de Halloween de Un beso de buenas noches de mil demonios.
-¡Brrrruummmm!
-Permítanos abrir para ustedes la puerta a lo desconocido.
-Ñiiieeeeec.
-Detrás de ella les espera el misterio.
-¿EH?
-¡Y el terror!
-¡Uuuuuhhhh!
-Sus corazones latirán desbocados.
-¡Pom, pom! ¡Pom, Pom!
-¡Se quedarán sin palabras!
-...
-¡Se mearán encima del susto!
-Eh... ¡Pssssssss!
-¡Se cagarán vivos!
-Hum... ¡Prrrttttzzz!
-¡Pero lo que se dice cagarse vivo, oigan!
-Ah... ¡Prrrt...! Esto, señor...
-¿Sí, Ruiz?
-Observo que, eh, se está saltando el guión que le escribí.
-Sí, bueno, muchacho, ya sabes. He decidido añadir algo de mi propia cosecha, improvisar un poco.
-No, si eso de improvisar está muy bien, pero, ¿le importaría avisarme antes de hacerlo?
1. La Invasión de los Extraterrestres del Espacio Exterior (Dan Chopped, 1957).
La siguiente película de Chopped después de El Ataque de los Ovnis Voladores no Identificados (1956) marca un antes y un después en la Historia del cine de ciencia-ficción, por cuanto antes no se había realizado y después, sí. Unos alienígenas con aspecto humano llegan a la Tierra con el pérfido plan de sustituir al Presidente de los Estados Unidos por una maceta y pretender que su gabinete no se dé cuenta. Al principio su sigilosa infiltración funciona a las mil maravillas y pasan totalmente desapercibidos a ojos humanos, hasta que uno de los invasores tropieza con una pila de cacerolas y se arma la de Dios es Cristo. Un periodista testigo de los hechos alerta a las autoridades, que se llevan un mal rato tremendo y deciden contraatacar. El ejército utiliza todos los medios conocidos para acabar con la vida de seres de otros planetas: agua, electricidad, hielo y ultrasonidos, pero éstos se revelan inútiles contra los invasores. Cuando todo parece perdido y los alienígenas, en su sed de dominación, han alcanzado puestos influyentes en varias comunidades de vecinos, un granjero de Arkansas descubre por casualidad que volarles la cabeza con una escopeta da unos resultados bastante aceptables. En el tenso clímax final, el periodista se enfrenta al megalómano líder de los invasores en una lucha a muerte de la que sale mal parado, con rozaduras en los empeines y pimienta en los ojos. En un envite desesperado, el periodista descubre que el jefe extraterrestre se pone como lacio cuando le soplas en el cogote y entonces resulta relativamente fácil pasarle una apisonadora por encima.
2. Los Pelos del Hombre Lobo (Mario Ropero, 1968).
Una turista sueca conoce en un guateque al noble venido a menos Wenceslao Tchaikovski, que en las noches de luna llena tiene picores por todo el cuerpo y se dedica a devorar parroquianos. En el romántico desenlace, el hombre lobo rehúsa comerse a su amada, pero se pone como el Kiko con su hermana menor. En la doble versión rodada para el extranjero, Wenceslao sólo es capaz de ponerse pinocho cuando se convierte en hombre lobo.
3. Siete rinocerontes bajo un paraguas verde (Luigi Cabronetti, 1971).
Dos años después de su afamado western Dos espuelas para un cojo, Cabronetti se sube al carro del giallo con esta perversa película donde el asesino despliega un impresionante repertorio de asesinatos creativos: Tira una piel de plátano y un notario resbala y se desnuca contra la costa de Madagascar; obliga a una periodista a sentarse sobre una varilla de pinchos morunos; le raja el gaznate a un ganadero con el canto de un folio, etc.
4. El Demoniero (Maxwell Friedchicken, 1974).
La pequeña Roberta, de doce años, disfruta con las mismas cosas que cualquier niña de su edad, como enterrar gatos vivos o empujar a ancianos con bastón en las escaleras del metro. Pero un día, sin motivo aparente, Roberta comienza a desarrollar facultades extrañas, como hablar en lenguas que no conoce (en una escalofriante secuencia, entra en la cocina y le dice a su madre: "Ozú, mi arma, ven acá p'acá"). La madre, alarmada, lleva a la niña a un psicólogo, que le dice que su hija padece un poco de estrés causado por los estudios, y que quizá por eso puede levitar y mover objetos con la mente. La madre, poco convencida con el diagnóstico, decide solicitar ayuda espiritual y llama a un exorcista que le había recomendado su vecina del 3º A. El Padre Manolas, un sacerdote de ascendencia griega que atraviesa una punzante crisis de fe (su aventurada hipótesis según la cual la Santísima Trinidad estaba en realidad formada por El Padre, El Hijo y Una Prima Segunda de Milwaukee causó una gran controversia en el seminario) ve en este desafío una oportunidad para reconciliarse con la Iglesia Católica, e intenta por todos los medios que su nueva cliente no descubra que hasta ese momento sólo había practicado exorcismos sobre animales domésticos. En su primera confrontación con el engendro del averno que posee a la niña (y que se identifica como belcebú26), éste le despliega una abanico de obscenidades que harían sudar tinta al más estoico de los hombres, como comerse treinta y seis huevos duros seguidos. Cuando Manolas está rezando el Padrenuestro, Roberta le vomita en la sotana el guacamole que le había preparado su madre la noche anterior. Aunque al principio se siente asqueado, le parece una menudencia comparada con salir disparado por ventana a una altura de cuatro pisos arrastrado por una fuerza invisible. Como toda persona que muere dejando algún asunto pendiente en el mundo de los vivos, el espíritu del Padre Manolas queda atrapado en el plano físico, así que la madre de Roberta va a buscarlo al bar. Después de una crispada conversación ("Lo que pasa es que no tiene huevos", "Eso usted no me lo dice en la calle", etc.), la abnegada mujer convence al sacerdote de que vuelva a la casa y solucione el embolado. Dado su actual estado ectoplásmico, al Padre Manolas no le cuesta nada colarse en el cuerpo de Roberta haciéndose el despistado. El sacerdote busca al demonio por todos los rincones del alma de Roberta. Afortunadamente, cuando lo encuentra éste está de espaldas limándose las pezuñas, así que el Padre aprovecha para meterle una manta de palos que para él se queda.
5. Campamento Muerte (Sam Cunnilingham, 1980)
Un grupo de jóvenes va de excursión al Campamento Muerte, llamado así porque todo el que pasa por allí, muere. Esta película no tiene mucho más que contar; primero mueren los que gastan bromas pesadas y los que follan, y después todos los demás. Al final, después de una larga noche de sangre y horror, mueren hasta los que sobreviven. El éxito del filme fue tan grande que generó un montón de secuelas; en la quinta parte los propietarios del campamento, en un intento por acabar con el tema de las matanzas, deciden cambiar el nombre por el de Parque Natural Muerte, pero en la décima entrega se dan cuenta de que el problema de los cadáveres no se ha solucionado del todo y venden los terrenos, momento en el que la saga pasa a denominarse Complejo Residencial Muerte, llamado así porque todo el que se muda allí…
Su director realizó posteriormente otras pequeñas joyas del cine de horror ochentero, como Mira que te tengo dicho que no bajes al sótano (1982) y la claustrofóbica Masacre en el Armario de las Escobas (1985).
6. El Susto (Himeneo Tikitaka, 1999)
Una periodista de Tokio recibe en su domicilio una cinta de vídeo cuyo visionado te causa la muerte después de una semana, pero el idiota que la grabó se equivocó al programar el vídeo y la protagonista tiene que tragarse una hora de teletienda antes de llegar al trozo maldito en cuestión. Después sale una menda con los pelos tapándole la cara que no mata a nadie porque se pega contra todas las farolas. Yo es que estas películas japonesas no las entiendo.
Al año siguiente se realizó un remake americano (El Sobresalto), donde el segmento de la teletienda está protagonizado por Chuck Norris.
miércoles, 29 de octubre de 2008
Ruiz propone un tema
Estimados espantajos:
Seré sincero con vosotros: a mí Halloween siempre me la ha traído al pairo (abucheos y expresiones de decepción generalizados. Alguien entre el público asistente hace algo de provecho y se saca un moco). Yo soy del día de Todos los Santos de toda la vida de Dios, venerable celebración que aprovechamos para recordar a nuestros muertos, al contrario que el resto de los días del año, que aprovechamos para acordarnos de los muertos de los demás. ¿A qué viene ahora esa chuminada de disfrazarse? Yo nunca he ido a llevar flores a la tumba de mi tía abuela vestido de El Zorro, aunque ganas no me han faltado. ¿Y eso de pedir caramelos de puerta en puerta? ¿De repente somos pobres, o qué?
-¡Señor! ¡Eh, señor! -me interrumpió un adorable mocoso de no más de nueve años.
-¿Sí, pequeño bambino?
-Mi mamá siempre me dice que no acepte caramelos de extraños porque llevan droga.
-Tu madre es una mujer razonable, muchacho, aunque baje a la frutería hecha una piltrafa. Yo, al contrario que tú, niño mimado, padecí una infancia desgraciada, y mí santa madre me enseñó a no despreciar comida gratis. A los diez años mi aspecto era tan lamentable que los extraños me ofrecían caramelos rellenos de metadona. Así que hazle caso a tu madre, hijo. Estudia, lleva una vida sana, sé un buen ciudadano; haz que tu padre se sienta orgulloso de ti cuando salga de la cárcel. ¿Te ha quedado claro, pequeño gran hombre?
-Tengo pipí.
-Pues yo tengo pipí y caca, así que yo prime.
Mi zalamero mayordomo pareció materializarse de la nada.
-¿Milord?
-¡Joder, Jean-Claude, te tengo dicho que no seas tan sigiloso al andar, que me das unos sustos de muerte! ¿Dónde están los tacones de aguja que te compré?
-Los he llevado al zapatero, señoría. Tenían las tapillas muy gastadas.
-¿Para qué me interrumpes, lacayo? Ahora ese pequeño bastardo se meterá en la toilette antes que yo, y seguro que me deja la tapa llena de orines.
-Mis disculpas, eminencia, pero me veo en la obligación de llamar su atención sobre dos asuntos que a buen seguro serán de su interés.
-Escupe.
-El primer asunto es relativo a su indumentaria, señor.
-¿Qué le pasa a mi indumentaria, insolente?
-No he podido evitar advertir que está impartiendo su osada conferencia en calzoncillos, señor.
-Soy consciente de ello, Jean-Claude. No veas lo difícil que me resulta atraer la curiosidad de mis seguidores últimamente. ¿El segundo asunto tiene que ver con el teléfono inalámbrico que portas en tu inseparable bandeja, exasperantemente fiel criado mío?
-Indudablemente, señor. Su amigo el señor Ruiz pregunta por usted.
-¿Ruiz, el Pequeño Freak? Qué alegría me das, Jean-Claude; hacía tiempo que no sabía nada de ese mamoncete.
-Ahí se las ventile, milord -dijo mi sobrio mayordomo pasándome la terminal.
-Ruiz, muchachote, ¿qué te cuentas?
-¡Hola, señor! -saludó Ruiz al otro lado de la línea-. Eh, señor, no es por molestar, pero... eh... he oído que me ha llamado... mamoncete, señor.
-¡Pero mi querido muchacho! No hay motivo para sentirse ofendido. Mamoncete no es más que un apelativo cariñoso, como, no sé, como hijo de la gran puta, por ejemplo -expliqué.
-Disculpe, señor, pero... ah... hijo de la gran puta no me parece un apelativo excesivamente cariñoso.
-¿Cómo que no? Mi bisabuelo me lo decía constantemente. "No me robes la pensión, hijo de la gran puta", "No me abandones en esta gasolinera, hijo de la gran puta". Ah, que gran hombre, mi bisabuelo. Aún resuenan en mis oídos sus últimas palabras: "No me incineres que todavía estoy vivo, hijo de la gran puta".
-Ya. Mmm...
-¿Cuál es el motivo de esta grata sorpresa, hijo de la gran puta?
-Ah, señor, no me gustaría parecer irrespetuoso, pero preferiría que no me llamara así.
-Claro, claro, Ruiz; disculpa tú a esta vieja mula; no puedo evitar que la emoción me embargue. ¿Lo entiendes, verdad?
-Sí, sí; cómo no. Vera, señor, me, ejem, me gustaría proponerle algo. Es, bueno, una especie de favor personal.
-Claro, claro, hijo; lo que quieras. ¿De qué se trata? Espera, no me lo digas. Quieres que te acompañe a comprar condones, ¿es eso? -suspiro-. Ay, estos niños crecen sin que te des cuenta. Un día tienen la tos ferina y al siguiente, poluciones nocturnas. Porque tu ya eyaculas, ¿verdad, hijo?
-Er, claro, señor, desde hace ya unos años. ¿Pero qué edad cree que tengo?
-¿Te has echado novia?
-Ejem, no, señor. Yo... eh... digamos que todavía no he encontrado a la mujer adecuada.
-No me jodas, hombre; anda que estás tú como para exigir. Sin duda, entenderás que no a todas las mujeres les guste que les derramen cera caliente en los pezones.
-Oiga, ¿por quién me ha tomado? A mí no va ese rollo, ¿sabe?
-Mil perdones, hijo. Quién lo hubiera dicho, con la pinta de pervertido que me llevas.
-¿Pero qué dice? ¿Qué tiene de pervertida mi camiseta de Naruto?
-¿De quién?
-De Naruto.
-Por el culo te la embuto.
-¡Oiga, me tiene ya hasta las narices!
-¿A qué viene ese súbito acceso de ira, caballerete?
-¡Y le tengo dicho que no me llame "caballerete", que me parece muy paternalista!
-Noto que se te ha agriado el carácter desde la última vez que nos vimos, Ruiz. ¿Sabes? Estoy pensando hasta en paralizar los trámites de tu adopción.
-¿Qué? ¿Pero cómo piensa adoptarme? ¡Yo ya tengo padres!
-Tenías.
-¿De qué está hablando? Estoy viendo ahora mismo a mi madre tumbada en el sofá.
-Por poco tiempo. Un pajarito siciliano amigo mío me ha asegurado que a tu madre le quedan pocas croquetas por freír.
-¿Perdone?
-Nada, nada; que digo que qué se te ofrece.
-Ah, sí. Verá, señor, había pensado que, como el viernes es Halloween y tal, podría proponer a sus lectores una maratón de cine de terror, ya sabe. Yo le paso unos divx y usted los comenta. Creo que a sus admiradores les podría interesar su opinión sobre algunos clásicos señeros del género.
-Mmm, no sé; no estoy muy seguro de que el tema sea del agrado de mis seguidores. Mi target ideal no va por ahí, ¿sabes?
-...
-¿Ruiz? ¿Estás ahí?
-Sí, sí, señor.
-Menos mal; qué susto me has dado. Por un momento creí que te estabas masturbando.
-No sabía que su blog tuviera un target de público, señor.
-Claro que sí, muchacho. El perfil promedio del lector de Un beso de buenas noches de mil demonios es el de un/a joven de entre 20 y 40 años interesado por la zoofilia.
-Permítame que disienta, maestro, pero, hum, yo soy lector suyo y, bueno, no estoy para nada interesado en la zoofilia.
-¿En serio? ¿Me estás diciendo que jamás has acariciado lascivamente a un babuino?
-No, señor; qué cosas dice usted.
-Pues no sabes lo que te pierdes. ¿Películas de terror, dices? Bueno, tendré que aplazar el cautivador artículo sobre hemorroides que había preparado para el viernes…
Ya lo habéis oído, sordas. ¡El próximo viernes 31, Maratón de Halloween en Un beso de buenas noches de mil demonios! ¡AMAZING! (Asombroso) ¡HORRIFYING! (Horripilante) ¡BOLLOCKING! (Acojonante) ¡PA’ CAGARSE LA PATA ABAJO, CANIJO! (To shit the leg down, you thin man).
lunes, 27 de octubre de 2008
El post que nunca estuvo aquí

Al autor le hacen un taco de gracia los culos que hablanmiércoles, 22 de octubre de 2008
Unas palabras de mi portero
No es un afoto del autor; que más le gustaría a ése que ser un pato disfrazao.


