martes, 31 de marzo de 2009

El Éxodo de los Pollos (versión reducida)

El Departamento Gnóstico Pero Más Bien Poco Practicante de Un beso de buenas noches de mil demonios se complace en presentar un extracto de La Biblia Explicada para Pollos, una audaz iniciativa del Reverendo Johnson Tana de próxima publicación a cargo de la editorial Pollo e Hijos.

Capítulo 1, Versículo 1: Y fíjate tú que un día la gallina Jessica María de los Pollos Pían puso un huevo y le llamó Kevin Moisés, causando gran escándalo en la familia. “¿Por qué le has puesto semejante nombre?”, preguntóle el abuelo de la criatura. “Moisés para poder llamarle Moi y gritarle desde el balcón ‘Moi, súbete a la acera, que te va a pillar un coche’, y Kevin en honor al padre de mi padre, o sea, a mi abuelo, o sea, a tu padre, vamos”. “Mi padre se llamaba Rogelio”, contestóle el abuelo con iracundia. “Es que Rogelio es nombre de agricultor”, díjole Jessica María. “Escúchame bien, Jessica María de los Pollos Pían; con un nombre como Kevin Moisés, tu vástago jamás llegará a profeta. Ayudante de mecánico, a lo sumo”. Y Jessica María de los Pollos Pían lloró amargamente por las palabras de su padre y a la hora de almorzar le sirvió una hogaza del día anterior y puré de lentejas frío.
1, 2: Y las palabras de su abuelo fueron proféticas porque su abuelo se dejó las barbas y Kevin Moisés abandonó sus estudios de bachillerato y entró a trabajar en un taller de chapa y pintura, llegando a casa ebrio y oliendo a porros cada noche. Y un sábado gripó la moto y volvió a casa andando y en mitad del camino el Pollo Primigenio se le apareció y le dijo: “Contento me tienes”. Y Kevin Moisés que era alocado pero temeroso se arrodilló y el Pollo Primigenio creyó que iba a besarle los pies cuando en realidad lo que hizo fue vomitarle en las sandalias. Y el Pollo Primigenio entendió que a Kevin Moisés le había sentado mal el kebab y fue clemente con él y se limpió los pies con una piedra. Retumbóle la voz al Pollo Primigenio: “Kevin Moisés”. “Deme aquí”, dijo Kevin Moisés, y el Pollo Primigenio le dio allí y bramó: “Lo tienes merecido, por imbécil. ¡Querrás decir ‘Heme aquí’!” “Ah”, dijo Kevin Moisés pasando la mano por allí donde el Pollo Primigenio le había dado. “Eres un pollo pecador, Kevin Moisés”, arengóle el Pollo Primigenio. “Tienes menos futuro que un bistec”. Y Kevin Moisés entendió sólo a medias las palabras del Pollo Primigenio porque no hablaba hebreo pero quiso redimirse y se quitó de fumar y dejó de apurar las cervezas que los otros pollos habían dejado a medio beber y dejó de yacer con malas gallinas y nada de esto le pareció suficiente al Pollo Primigenio. “Te diré lo que vamos a hacer”, dijo el Pollo Primigenio. “Agarra los bártulos y conduce a mi pueblo al otro lado de la carretera, que aquí voy a poner un resort y un centro comercial. Y un puesto de papas bravas, si me da la picada”.
1, 3: Y Kevin Moisés convocó una asamblea y puso nachos con queso para que viniera todo el mundo y todo el mundo vino menos tres que padecían intolerancia a la lactosa pero después se les envió un fax con el orden del día. Y Kevin Moisés dijo a la multitud: “Sabed que el Pollo Primigenio se me ha aparecido y me ha pedido que os guíe al otro lado de la carretera”. Y a los tres millones de pollos allí reunidos parecióles bien y doscientos mil no estuvieron de acuerdo con el presupuesto del nuevo ascensor.
1, 4: Y a la mañana siguiente los pollos partieron y se llevaron para el camino seis millones de bocadillos de mortadela de aceitunas y nueve millones de filetes empanados y varios botes de encurtidos. Y pasó que Kevin Moisés dijo “No miréis atrás” y seiscientos mil pollos no pudieron resistirse y miraron atrás y se convirtieron en gomaespuma y adornaron salpicaderos hasta que los dueños de los coches se hartaron y los cambiaron por un Shin-Chan o un Pokemon de plástico.
1, 5: Y ocurrió que Kevin Moisés y los pollos llegaron al borde de la carretera e intentaron cruzarla y trescientos pollos resultaron arrollados por un camión cisterna. Y entonces Kevin Moisés pidió ayuda al Pollo Primigenio y el Pollo Primigenio había salido un momento a estirar las piernas y para cuando volvió una plaga de zorros había diezmado a ciento cincuenta mil pollos. Y el Pollo Primigenio díjole a Kevin Moisés, “Te dejo sólo cinco minutos y mira la que has liado”. Y Kevin Moisés preguntóle, “¿Cómo haremos para cruzar?” y el Pollo Primigenio puso un paso de peatones y mil dos cientos pollos fueron atropellados al pasar y vio el Pollo Primigenio que un paso de peatones no era suficiente. Y en consecuencia el Pollo Primigenio puso un poste con un triángulo en su cénit y dibujóle un pollo en medio y el Pollo Primigenio lo llamó ‘Cuidado. Paso de Pollos’ y vio que esto era bueno.
1, 6: Y sucedió que los pollos cruzaron y después de cruzar el Pollo Primigenio llamó al Ayuntamiento y vinieron los del Ayuntamiento a quitar el poste con el triángulo y el pollo en medio y se cagaron en la madre que parió a Peneque.
1, 7: Y al día siguiente Kevin Moisés subió al Monte Pollo y el Pollo Primigenio le entregó las Tablas de la Sagrada Ley de los Pollos y el sexto mandamiento decía “No cruzarás la carretera para ir al otro lado”.
1, 8: Y los pollos no volvieron a cruzar la carretera ni para dar un recado.
El audaz Kevin Moisés guiando a su pueblo
-Pero, oiga, que eso es un periquito.
-No me caliente el tarro, joven

lunes, 9 de marzo de 2009

And the winner is… my menda!


Que no lo digo yo sólo, oiga

Estimados vividores de variado pelaje:
El gran Josito Montez (aplausos y vítores por doquier. Uno de los presentes hace una cabriola y lo tienen que trasladar a Urgencias por una lesión cervical)… Como decía, mi buen amigo el Sr. Montez ha tenido a bien concederme el magnífico, inesperado y totalmente inmerecido premio que pueden ver arriba (hago una pausa para los aplausos, pero solo recibo un eructo de procedencia y composición química indeterminadas).
-¡Qué inmerecido!- dice por fin uno de mis adeptos, que por norma general está más guapo callado-. Quiero decir, ¡qué magnífico e inesperado!
-¿Y por qué se lo ha concedido, oh, Maestro? –pregunta otro al que siempre hay que explicárselo todo-. ¿Se puede saber? ¿Cojones?
-Porque soy la rehostia, ¿qué pasa? El nene mola mogollón. ¿Que no? –me marco unos pasos de hip-hop con los que dejo boquiabiertos a los asistentes, circunstancia que aprovechan algunos para dejar escapar cinco o seis eructos más. A lo mejor no debería haber servido esos entremeses de fabada-. Po-po-techea, popiró… –la música máquina me vuelve loco-. Ebribari sei oh-oh…
-¿Ha terminado ya de hacer el indio? –preguntó uno de mis pupilos, interrumpiendo mi fastuoso número musical.

Ejem, sí. Las reglas son las siguientes (Corto y pego, que tengo la mano cansada de masturbarme [Fe de erratas: Donde dice ‘masturbarme’, el autor quiere decir ‘depilarme la entrepierna’] [Fe de erratas: No, tampoco. Donde dice ‘la entrepierna’, quiere decir ‘el entrecejo’. Los huevos se los afeita].
-¡Jean-Claude! ¡Jean-Claude! –mi adusto mayordomo apareció ipso-facto, que quiere decir “del tirón”, cernícalos. Así: “¡Uh!”-. ¿Quién ha contratado a este nuevo corrector y por qué sabe tanto sobre mi higiene íntima?
-Con todo el respeto, milord, su público empieza a impacientarse. Le recomiendo dejar las trifulcas domésticas para luego.
-Qué sabio a la par que insolente eres, marrullero lacayo mío. Vuelve a la cocina y ponme a hervir unas acelgas, anda.

Las reglas son:
-Exhibir la imagen del sello.
-Elegir 5 personajes famosos de la vida real con los que te gustaría cenar y decir por qué.
-Poner el enlace de la persona que te lo ha regalado.
-Elegir 10 personas para pasárselo.
-Escribirles un mensaje en su blog para que se enteren de su premio.

Por lo pronto, voy a elegir a cinco premiados, porque, bueno, la verdad es que no sigo tantas bitácoras. Me gusta repartir mi tiempo de lectura entre los blogs y las etiquetas de los productos de limpieza (esa que dice “No ingerir” me la tengo que repasar muchas veces, que ya se sabe que la prohibición provoca el deseo):

-Luciérnagas diurnas.
-Inconstanteces.
-Post-nuclear Bloody Diary.
-Sótano 71.
-Sin nada en común.

No incluyo a Josito Montez, Zinquirilla y Pasiones y otros desmanes porque ellos ya tienen su premio, qué leches, pero les concedo a los tres una mención especial y un lote de productos ibéricos, que ya recibirán un día, si me doy un golpe en la cabeza y cambio de repente de personalidad.

Los cinco personajes famosos no muertos que elijo para cenar son:

-Alan Moore, para ver si le llega la barba a la sopa, que creo que sí, pero no estaría de más una demostración empírica.
-Michael Jackson, sólo para ver qué come, o si come, o si sólo se inyecta suero fisiológico.
-George W. Bush, para cancelar la cita. Ya le llamo otro día, si eso.
-El Maharajá de Kapurthala, si paga él, que la cosita está muy mala (y de paso le pregunto por su compadre Don Pinpón, que hace un montón que no se le ve el pelo).
-Ruben Rausing, el inventor del tetrabrick, por el que siento una profunda y solemne admiración.

-¡Que diga el discurso! –solicitó uno de mis más brillantes alumnos.
-¡Mejor no! –solicitó uno que estaba de paso y que de repente me cayó muy mal.

Ah, claro, el discurso. Ejem. La verdad es que no sé qué decir. Ni siquiera pensaba en ganar, sólo en ponerme unos zapatos cómodos para la ceremonia. Quién me iba a decir a mí cuando hice aquel curso de Windows en la cárcel que día un recibiría un premio por mi labor bloguerística. Debo confesar que yo no sabía mucho de esto hace unos años, cuando creía que Internet era el nombre de un nuevo vagón de Renfe o algo peor (Suspiro). Me gustaría que el abuelo de mi tatarabuelo estuviera aquí para verlo. Y Doña Eduvigis, la del 5º A. Y Luis XIV. Y el chaval de la pescadería que luego se sacó unas oposiciones en Hacienda o en no sé dónde. Desgraciadamente, no se encuentran con nosotros. Y es una lástima. Porque sería interesante ver cómo interactúan unas personalidades tan antitéticas. Pero en fin. Así es la vida. Eh, Jean-Claude, ¿cuánto tiempo me queda?
-Le sobran treinta segundos, milord.
-Bien, bien. Ejem, ejem. Mañana, mañana, te quiero, mañana, pues eres un día más…

martes, 24 de febrero de 2009

El inventor que fue un día a patentar algo y por poco no lo hace

OFICINA DE PATENTES. INT. DÍA.
Un PATENTADOR, o bien PATENTISTA o PATENTERO está en el escritorio de su oficina leyendo el Marca y esperando a que alguien entre por la puerta a patentar algo, no sé, lo que sea. En ese momento la puerta se abre de repente y aparece un INVENTOR.

INVENTOR: ¡Oiga!
PATENTADOR: ¡Coño, que susto me ha dado!
INVENTOR: ¿Es aquí lo de la oficina de patentes?
PATENTADOR: No sé. ¿Qué pone en la puerta?
INVENTOR: “Se venden cocodrilos”, en letras grandes y verdes, con el dibujo de un cocodrilo arquetípico al lado.
PATENTADOR: ¿En serio? Con razón en quince años que llevo trabajando aquí no ha venido un alma a patentar nada.
INVENTOR: ¿Y ha vendido usted algún cocodrilo?
PATENTADOR: Uy, no sabe usted lo mal que está el tema de los cocodrilos últimamente. La gente ya no quiere cocodrilos.
INVENTOR: Sí, qué lejos queda el tiempo en que el cocodrilo era considerado un artículo de primera necesidad.
PATENTADOR: Ya le digo. ¿Y usted qué quería?
INVENTOR: Patentar un invento revolucionario.
PATENTADOR: ¿No quiere un cocodrilo?
INVENTOR: Pero, hombre, cómo me pregunta eso así, en frío. No es una decisión que un hombre pueda tomar a la ligera. Tendré que consultarlo con mi señora. Es ella quien lleva la economía doméstica, ¿sabe? Y ahora vamos a apuntar al niño a la academia y la cosa está muy malamente.
PATENTADOR: Se lo vendo por doscientos leuros. Menos de lo que le cuesta un colchón de viscolátex, que no sé ni lo que es pero suena asqueroso, por Dios bendito.
INVENTOR: No, si el bicho no sale caro. Pero habría que alimentarlo, ¿no?
PATENTADOR: Hombre, si le gusta que los cocodrilos caminen y respiren y muevan la cola lentamente y den mucho susto cuando se quedan mirando fijamente a un punto pensando en quién sabe qué y esas cosas que suelen hacer los cocodrilos cuando están razonablemente alimentados, pues sí.
INVENTOR: ¿Y qué come un cocodrilo?
PATENTADOR: Uy, de todo. No sé. La verdad es que no le hacen ascos a nada. No son de los que apartan los guisantes cuando se están comiendo un guisadillo, ni mucho menos.
PATENTADOR: En mi casa es que somos muy poco de guisadillo. Y, la verdad, tener que preparar un guisadillo sólo para el cocodrilo con lo laborioso que es pues como que…
INVENTOR: No se preocupe; ya le digo que comen de todo. Castañas. Focas. Pan con aceite y tomate restregado. Personas. De todo.
INVENTOR: ¿Personas?
PATENTADOR: ¿He dicho personas? Quise decir cereales. Pero, ¿por qué no se sienta? Me ha caído usted bien. Parece usted un buen cereal.
INVENTOR: ¿Cereal?
PATENTADOR: ¿He dicho cereal? Quise decir persona.
INVENTOR: Oiga, no sé si me conviene hacer tratos con un tipo que confunde a la gente con cereales.
PATENTADOR: Oh, por favor, no se haga una idea equivocada de mí, copo de maíz inflado. Digo, caballero.
INVENTOR (se sienta porque ha perdido dos autobuses y viene caminando desde bastante lejos y el ascensor del edificio está descacharrado y ha tenido que subir cuatro pisos a pata): No sé. No estoy convencido. Si pudiera enseñarme primero la mercancía…
PATENTADOR: Es razonable. (Abre un cajón del escritorio) María Angustias, ¿estás ahí?
INVENTOR: ¿Tiene un cocodrilo en el cajón?
PATENTADOR: Digo. Y una grapadora, también.
INVENTOR: Si cabe en un cajón debe ser muy joven.
PATENTADOR: Bueno, todavía no fuma, si es a eso a lo que se refiere.
INVENTOR: No me refiero a eso ni de lejos. Lo que quiero decir es que debe ser bastante pequeño.
PATENTADOR: ¿El tamaño del cocodrilo supone un problema para usted? Observe las ventajas, buen hombre. Lo puede transportar en una fiambrera debajo del sobaco.
INVENTOR: Pero después crecerá, ¿no?
PATENTADOR: Hombre, después me parece un poco pronto. Espérese un rato.
INVENTOR: Con “después” me refiero a dentro de unos meses.
PATENTADOR: Ah, no, eso sí, desde luego. Después alcanzará la longitud de un cocodrilo estándar.
INVENTOR: ¿Y eso cómo de largo es?
PATENTADOR: Pues como la mesa del salón de alguien que tenga una mesa del salón muy larga.
INVENTOR: ¿Cómo de larga?
PATENTADOR: No sé… Como para veinte o veinticinco comensales, más o menos, la mitad de ellos con un ligero sobrepeso. Y una señor muy gorda, tal vez. Pero a ésa la pueden sentar en un extremo y aquí no pasa nada.
INVENTOR: Buf, eso es demasiado largo para mi salón. Podría suponer un problema.
PATENTADOR: Hombre, si está pensando en comprar un piano, yo le rogaría que abandonara la idea. O el cocodrilo o el piano. Lo dos no le caben en el salón. Y el cocodrilo le roería las patas al piano. Y pintar un piano le puede salir caro, porque tendría que echarle cuatro o cinco manos. Y, en el peor de los casos, una capa de barniz.
INVENTOR: Encima eso. ¿Sabe? Creo que voy desestimar la oferta del cocodrilo.
PATENTADOR: ¿Y qué me dice del piano? Porque le puedo vender un piano.
INVENTOR: Bueno, al piano no habría que darle de comer…
PATENTADOR: A éste sí. Está poseído por el espíritu del Vizconde de no sé qué coño.
INVENTOR: ¿Un piano maldito? Sería una adquisición de lo más original. ¿Resulta muy problemático?
PATENTADOR: No, que va. Éste también come de todo. Brócoli. Pistachos. Ñus. Fabes con almejas. Pianistas. De todo.
INVENTOR: ¿Pianistas?
PATENTADOR: ¿Dije pianistas? Quise decir lomo en manteca. No se preocupe; nosotros, los cereales, no tenemos nada que temer. ¿Dije cereales?
INVENTOR: Ya, pero, ¿hace cosas raras? Ya sabe, moverse solo o…
PATENTADOR: ¿Moverse solo? ¡Ja! Ésa sí que es buena. Una vez intentamos moverlo entre mi hermano y yo y no hubo huevos; qué se va a mover solo. Los pianos es lo que tienen; una total ausencia de músculos y huesos y esas asquerosidades que tenemos los demás y que permiten a nuestro organismo rayar un poco de queso cuando nos sale de los cojones.
INVENTOR: ¿Sólo sabe comer? Pues vaya mierda de maldición. ¿No hace el tipo de cosas que hacen los típicos pianos encantados de toda la vida? Ya me entiende, ponerse a tocar solo por las noches o algo así.
PATENTADOR: Eeeeh, sí. Algunas noches se pone a tocar solo. Sobre todo cuando está borracho. Que toca fatal, por cierto. Una noche se agarró una tranca de aguardiente y se puso a tocar la Polonesa Opus 53 de Chopin y no dio pie con bola.
INVENTOR: Pues si lo único que hace es comer, emborracharse y tocar mal, qué quiere que le diga, no me sale a cuenta. Lo mínimo que puedes esperar de un piano encantado es que asuste a las visitas y a los parientes gorrones que vienen de lejos y paran a pernoctar en casa.
PATENTADOR: La verdad es que asustar, lo que se dice asustar, asusta poco. Lo cierto es que es bastante educado.
INVENTOR: Por si fuera poco.
PATENTADOR: Haga la prueba, si no me cree. Móntelo alguna vez en el autobús, ya verá como les cede el asiento a los ancianos. No es mala gente, el piano encantado este.
INVENTOR: Me lo pensaré. Déjeme su número y ya le llamo si eso.
PATENTADOR: Como quiera, ojazos. ¿Qué es lo quería patentar?
INVENTOR: Un invento revolucionario (se saca un invento revolucionario del bolsillo). Tome, tome.
PATENTADOR (coge el invento revolucionario, impresionado): ¡Jesucristo! ¿Es lo que creo que es?
INVENTOR: Por supuesto que no; lo acabo de inventar.
PATENTADOR: Pero parece, parece…
INVENTOR: Pero no lo es.
PATENTADOR: ¿Qué es, pues?
INVENTOR: Es…


Tarí-tarirorarí-tará...

lunes, 23 de febrero de 2009

El autor hace un anuncio importantísimo

Estimados zarandajas:
Me he comprado un pollo de plástico.

El Sr. Pollo culturizándose de lo lindo

¿No es genial?
-Acojonante, oiga.
-Noto un ligero matiz sarcástico en sus palabras, caballero.
-Sí, bueno. Es un puto pollo de plástico para perros comprado en un chino.
-¡Sí! Y suena cuando lo aprietas. Hace “mogui-mogui”.
-“Mogui-mogui”. Ya. Puta madre.
-…
-¿Algo más que añadir?
-Eh… Mañana publico otra cosa.
-Bien, bien. Y…
-…el pollo no manda en mí.

lunes, 16 de febrero de 2009

“A mí me gusta dormir con la picha mirando pa’ arriba”. Conversaciones con un pollo asado, entre otros asuntos no menos transgresores.

Estimados cronopios:

¡¡¡He vuelto!!

...y el auditorio se vino abajo
-¿Y qué? –preguntó uno que toma y toma pastillas de goma y no son pa’ la tos y con sólo el aroma ya pasa de tó. ¡Tocotó!
-Eh, pues nada, que ya estoy aquí. Piruriiiiii….
-¡Hala! ¿Y esa trompeta de plástico? –dijo uno de mis discípulos más impresionables.
-¿Te gusta? La he encontrado en el suelo, encima de un boñigo.
-Ya empezamos con la escatología… -comentó uno de mis críticos más recalcitrantes.
-Muchachos, muchachos, que alegría me da veros.
-Creo que hablo en nombre de todos cuando digo que el sentimiento es mutuo –dijo uno que siempre cree que habla en nombre de todos.
-¿A qué hora empieza a hablar del tema, oiga? –dijo un pollo asado que se encontraba entre los asistentes.
-¿Qué tema, eh, caballero?
-¿Usted no estaba esta mañana en la parroquia repartiendo panfletos sobre su conferencia?
-¿Esta mañana? Siento comunicarle que probablemente se ha equivocado de persona.
-Sí, hombre, ¿no se acuerda? Apestaba a alcohol de garrafa. Si hasta le he dado una limosna y todo.
-Le repito que usted se confunde. Hoy no me he despertado hasta la una de la tarde, después de un sueño reparador sobre un charco de mi propio vómito en medio de una carretera comarcal. Y, para demostrarlo, puedo traer como testigo al amable agente de la Menetérica que ha accedido a pasar por alto una amonestación más que merecida merced a la calderilla que misteriosamente había llegado a mis bolsillos.
-¿Entonces no va a hablar sobre “Nuevos tratamientos capilares”? –un atisbo de decepción se asomaba a sus ojos de pollo.
-¿Le puedo hacer una pregunta?
-Si no es demasiado personal…
-No he podido evitar fijarme en que… bueno, en que es usted un pollo asado.
-Un Pollo Asado Inmortal, para ser fieles a la verdad.
-¡Qué extraordinario!
-Tampoco es para tanto.
-¿Sabe? Siempre he querido preguntarle una cosa…
-¡Pero si me acaba de conocer!
-¿Por qué cruzó usted la carretera?
- ¡Y dale molino! ¡Que ése no fui yo! ¿Pero de dónde sacan ustedes la idea de que los pollos cruzamos la carretera?
-¿Se trata de algún tipo de leyenda urbana, acaso?
-Oiga, amigo, he conocido a muchos pollos a lo largo de mi vida, no por nada soy pollo, y además inmortal, y le puedo asegurar que no sé de uno sólo que haya cruzado jamás la carretera. Es un tópico. “Lo catalanes, agarrados, los andaluces, vagos, y los pollos, cruzan la carretera”. Hay que joderse.
-¿Me está diciendo que nunca ha sentido curiosidad por saber qué hay al Otro Lado?
-Yo paso. Seguro que el Otro Lado es una cochambre.
-No, que va, no está tan mal el Otro Lado. Hace buena temperatura y te ponen unas patatas con mojo picón que te cagas.
-¿De esas de gajo?
-Naturalmente.
-No me tiente, Yago, más que Yago –creo que, por mucho que viva, jamás llegaré a entender del todo a los Pollos Asados Inmortales-. Cruzar la carretera va en contra de nuestro credo. Lo prohíbe El Sexto Mandamiento de la Sagrada Ley del Excelentísimo Pollo Primigenio, “No Cruzarás la Carretera”.
-Mandamiento que todos ustedes siguen a rajatabla.
-Sí, bueno, todos menos esos herejes de la Iglesia Reformista de los Pollos Fritos Inmortales de Kentucky, que se pasan el Sexto Mandamiento por los testículos. ¡Cabrones! Deberían sexarlos a todos.
-Discúlpeme si me pongo pesado, caballero, pero su caso me inspira una acuciante curiosidad. ¿De verdad es usted inmortal?
-Bueno, no sabría decirle exactamente el grado de inmortalidad que ostentamos los Pollos Asados Inmortales, pero se podría decir que somos Bastante Inmortales. Un Pollo Asado Inmortal sólo puede morir cuando se le corta la cabeza.
-Pues vaya cosa. A los Pollos de Corral Normales les ocurre lo mismo.
-Pues que se jodan, que se ponen muy chulitos con eso de que son el Pueblo Elegido. Anda que no les queda nada por pasar…
-Y, si me apura, arrancar la cabeza es un método bastante eficaz de acabar con la vida de cualquier hijo de vecino.
-Ya le digo –dijo uno que estaba allí pero lo mismo podía no haber estado y no pasa nada.
-Gracias por su inestimable aportación a este debate, caballero –dije desde mi mal disimulada repugnancia.
-Disculpe que me entrometa, oh, Maestro, pero no he podido evitar sentirme identificado con sus palabras. Verá, yo soy Cualquier Hijo de Vecino.
-¿Usted es Cualquier Hijo de Vecino?
-Bueno, mi padre es vecino de mucha gente. Por lo menos de cuarenta o cincuenta personas, con eso se lo digo todo.
-Así que puede hablar con propiedad.
-Sin duda.
-Tengo entendido que ustedes, los Cualquier Hijo de Vecino, tienen una vida muy perra.
-Hombre, imagínese. Todo el mundo conoce eso de “eso le pasa a cualquier hijo de vecino”. Pues sí que nos pasa, sí. Nos pasa de todo. ¿A usted le han puesto alguna vez una multa por aparcar en zona azul? A nosotros también.
-Ajá. Hum.
-Sí, no es que sea una vida particularmente trepidante.
-Menos que un concierto de Kraftwerk, si me permite la observación.
-Jaja, sí.
-Y…
-¿Sí?
-¿Algo más que añadir?
-Eeeh… no. Bueno, sí. Creo que he vuelto a perder el bonobús.
-Qué putada.
-¡Oiga! –pregonó mi Crítico Más Recalcitrante-. Permítame decirle que esta conferencia es, con diferencia, la peor de las que ha dado.
-No me pitufe, que le meto una pitufa que le pongo los pitufos de corbata.
-¡A mí eso no me lo pitufa en la calle! ¡Mierda, ya he vuelto a caer en el viejo truco de hablar en Pitufo!
-Oiga, esto es un despropósito –dijo el P. A. I. (Pollo Asado Inmortal).
-No me diga. Pues bienvenido a la familia de Un beso de buenas noches de mil demonios. A ver, ¿quién quiere que le refreguemos un níspero por la cara?
-¡Yo! ¡Yo! –dijo uno que acababa de llegar.

Nuestro nuevo contertulio. "Si les interesa saber mi opinión..."

miércoles, 21 de enero de 2009

El blog de los posts de aviso o Esto es un sindiós

Por orden del señor autor se hace saber:

1) Que el mencionado sujeto está de mudanza,
2) que se está preparando unas inminentes oposiciones,
3) que cuando acabe todo se va a agarrar una borrachera de esas que los abuelos cuentan a sus nietos,
4) y que cuando se le pase la resaca volverá con todos vosotros para haceros la vida más llevadera.

Nos vemos en febrero.
Un abrazo,
El Menda que Solía Pasarse por Aquí de Vez en Cuando a Cantaros unas Coplillas.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

¡¡Honorato Céspedes solicita un préstamo!!

Hala, hala, hala; a tomar por culo el mundo

BANCO JONUDO. SUCURSAL Nº 23. HACIENDO ESQUINA CON LA AVENIDA OPEL CORSA Y EL MERCADO DE SANTA FITIPALDA. DESPACHO DEL INTERVENTOR, AL LADO DEL CUARTO DE LAS ESCOBAS. INT. DÍA. FRÍO QUE TE CAGAS.
El INTERVENTOR, que suena parecido a Inventor pero que no tiene nada que ver, y si no que baje Dios y lo vea, desarrolla afanosamente su tarea habitual, que no tengo ni puta idea de en qué consiste. Intervenir cosas relacionadas con los bancos, supongo. Por la puerta entra ¡HONORATO CÉSPEDES, autodenominado Gran Villano Internacional y Maestro del Crimen, aunque realmente se dedique a la venta de plantas y a los arreglos florales. Cierra exclamación! Ya está.
INTERVENTOR (levantando la vista de… em… su tarea habitual. Sí, eso.): ¡Hombre, señor Céspedes! ¡Deshojo los chochos! Eh… ¡De chochos los ojos! No… ¡Los chochos de a ocho!
CÉSPEDES: ¡Pero, oiga! ¿Qué le pasa a usted hoy con los chochos?
INTERVENTOR: ¡Dichosos los ojos!
CÉSPEDES (sentándose en una silla fea pero funcional): Ah, bueno.
INTERVENTOR: Dichosos los ojos que ven ese chocho. ¡Ja!
CÉSPEDES: Mire…
INTERVENTOR: Qué frío hace hoy, ¿eh?
CÉSPEDES: Ya le digo. Han bajado las temperaturas una barbaridad.
INTERVENTOR: Ciertamente, ciertamente. Esta mañana no me encontraba ni la picha, del frío que hacía. Fíjese, fíjese, fíjese.
CÉSPEDES: Me hago cargo. Bueno, ahora que hemos roto el hielo…
INTERVENTOR: ¡No me lo diga! Ha venido a solicitar un préstamo.
CÉSPEDES: ¡Sí! ¡Eh, menudo máquina! ¿Cómo lo ha sabido?
INTERVENTOR: Porque me lo dijo usted ayer. Nos encontramos en la frutería. Usted llevaba un manojo de berros en la mano. ¿Está tonto o qué le pasa?
CÉSPEDES: ¿Me lo da, o qué?
INTERVENTOR: ¡Eje! ¡Pare el carro, campeón! Usted sabe que estas cosas no van así. Debo hacerle unas preguntas antes de entrar en materia. Yo es que soy más bien clasicote, ¿sabe usted?
CÉSPEDES: Ah, ya. Conocernos antes y tal. Vale.
INTERVENTOR: Vamos a ver. ¿Ha visitado Munich alguna vez?
CÉSPEDES: ¿Esa información es relevante para que le concedan a uno un préstamo?
INTERVENTOR: No, pero sentía curiosidad. Segunda pregunta: ¿Para qué quiere usted la pasta? Porque es un montón de pasta, así que más le vale que sea para algo realmente importante, como, no sé, como construir una reproducción a tamaño real de la Giralda con palillos de dientes, o comprar unas alpargatas de platino y diamantes, o pagar la comunión de su chiquillo, por ejemplo.
CÉSPEDES: ¿No le parece demasiado dinero para una comunión, oiga?
INTERVENTOR: Todo es poco para su chiquillo. Su hijo se merece eso y más.
CÉSPEDES: ¿Y eso?
INTERVENTOR: ¿Su hijo no es el príncipe heredero de Escocia?
CÉSPEDES: ¿Eh? No, no. Vamos, creo que no. Mmm… Ahora ya me ha puesto usted en duda. Como ese mocoso nunca me cuenta nada…
INTERVENTOR: ¿Piensa alargarse el pene?
CÉSPEDES: No, no, desde luego que no. ¿Tan caro vale un alargamiento de pene?
INTERVENTOR: Lo dudo, pero me pareció un buen momento para sacar el tema a colación. ¿Para qué quiere la pasta?
CÉSPEDES: Bueno, ejem, es que tengo un proyecto empresarial en mente…
INTERVENTOR: Ya veo lo que quiere decir. Piensa ampliar la floristería. Comprar el local de al lado y echar el tabique abajo. O echar el tabique abajo sin comprar el local de al lado. Total, si es un local de ensayo. ¡Putos melenudos! Anda y que se jodan.
CÉSPEDES: No tiene nada que ver con la floristería. Vera, ejem, usted me conoce desde hace años, y ya sabe que llevo un tiempo considerando destruir el mundo…
INTERVENTOR: Ah, no, ni hablar. Ni un duro para destruir el mundo. Ya nos jodió una vez, ¿recuerda? Le dimos un montón de pasta para construir un órgano gigante con el que contactar con alienígenas beligerantes. ¿Y qué pasó? ¿Vinieron? A mí me parece que no. Yo al mundo lo veo como muy enterito, ¿usted no? Además, ¿cómo pretende contactar con extraterrestres tocando “¿Dónde vas, Alfonso XII?”?
CÉSPEDES: Hombre, como esa canción la conoce todo Cristo…
INTERVENTOR: Lo dicho; ni un puto duro.
CÉSPEDES: No se precipite. Esta vez tengo un plan infalible.
INTERVENTOR: No me venga con esas. Si quiere destruir el mundo, rásquese el bolsillo.
CÉSPEDES: ¿Cree que si yo pudiera afrontar el gasto no lo habría hecho ya? Entre la hipoteca, la letra del coche y las clases de karate de los niños se me hace un poco difícil llegar a final de mes, no digamos ahorrar para una bomba atómica.
INTERVENTOR: Poco iba a hacer con una sola bomba atómica, de todos modos.
CÉSPEDES: Por algo se empieza.
INTERVENTOR: ¿Por dónde empezaría usted?
CÉSPEDES: Tenía pensado empezar por Islandia.
INTERVENTOR: ¿Por qué Islandia? ¿Algún tipo de venganza personal?
CÉSPEDES: Porque me da mucha rabia. ¿A usted no le da rabia Islandia?
INTERVENTOR: A mí Islandia me la trae al fresco. Lo que no soporto es el Mar Báltico. Me pone de los nervios. Cada vez que alguien lo mienta me pongo enfermo. Se creerá muy guay, el puto Mar Báltico.
CÉSPEDES: ¿Me da la pasta ya, o…?
INTERVENTOR: Los cojones.
CÉSPEDES: ¿Sabe? Cuando domine el mundo se arrepentirá de esto.
INTERVENTOR (chulito): ¿Ah, sí?
CÉSPEDES: Sí. Le voy a hacer una putada muy gorda. Le voy a… a rayar el coche. Eso es. Cuando domine el mundo, le voy a rayar el coche. Y le voy a meter notas obscenas en el buzón. ¡Se va a cagar, cuando domine el mundo!
INTERVENTOR: ¿No pensaba destruirlo?
CÉSPEDES: Depende del día. Los grandes villanos también somos seres humanos, con nuestros altibajos y todo. Un día quieres destruir el mundo, otro dominarlo. Hace un rato quería destruirlo. Después dominarlo. Ahora, otra vez destruirlo.
INTERVENTOR: Oiga, ¿y ha pensado qué va a hacer después de destruirlo? ¿Dónde va a vivir?
CÉSPEDES: Joder, pues anda que no hay sitios. No sé… ¿En Connecticut?
INTERVENTOR: ¿No piensa destruir Connecticut?
CÉSPEDES: Hostia, es verdad. Eh… bueno, pues lo destruyo todo menos un cacho. Una parcelita así, no muy grande. Yo me conformo con poco.
INTERVENTOR: ¿Y cómo piensa subsistir? Quiero decir, ¿qué va a comer?
CÉSPEDES: Pues yo que sé. Ya me haré una pizza o algo…


En el próximo episodio, Honorato Céspedes decide pasar la tarde haciendo el mal un rato… ¡pero su mujer sale a comprar y tiene que quedarse con los niños! ¡CHAN-CHAN! Además, la verdadera historia de Mussolini Céspedes, príncipe heredero de Escocia.